Alevosía infausta

Ahí van otra vez.

El niño, un primogénito, dedicándose a empujar, jalar, evidentemente con el afán de causar molestias.

La hermanita, varios años menor, lloriqueando, suplicando que la deje en paz, una y otra vez.

¿Cuántas veces he visto, y escuchado esto mismo en los últimos tiempos?

¿Cuántas, en la misma pareja de hermanos?

Incontables.

No sé de dónde viene ese comportamiento. Tal vez la escuela (lo más obvio), y el primogénito vuelve a casa con necesidad de desquitarse con alguien menor en vida y experiencia.

Los “por qués” y los “por favor” quedan de lado cuando hay tantas lágrimas desesperadas a la vista, de manera tan latente, tan intensa, y que él sea capaz de percibir lo que causa y lo único que le cause sea una sonrisa satisfecha.

Me dieron ganas de llorar en silencio, de coraje. En lugar de eso, actué.

Espero que haya servido de algo…

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Fuente de la imagen: Click aquí
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100 seguidores

¡Se han cumplido los 100 seguidores! 

Seré breve y concisa:

Les agradezco, de verdad, a todos aquellos que leen mis palabras en este blog. Jamás creí que tanta gente llegaría a leerme, y mucho menos tantos que llegarían a estar al pendiente de mis publicaciones. Muchas gracias por estas lecturas, estas reflexiones y estas compañías que a veces se posan junto a mi, silenciosas. 

Espero que esta comunidad siga creciendo.Yo los leo aunque a veces no tenga la oportunidad de demostrarlo. Muchos lo saben y otros tal vez no, pero vale la pena decirlo. 

Estamos juntos en esto, y vale la pena seguir caminando juntos porque así es como los grandes proyectos nacen. Así es como la vida nos demuestra su verdadero valor: a pequeños y fuertes tragos. 

100 seguidores

 

 

Las culturas amigas y yo. Año 2014.

Hoy fui al centro, a la “Feria de las culturas amigas” que este año se realizó en el Zócalo capitalino.

Me sentí como aquella vez que escribí acerca de la ida al museo Dolores Olmedo. Es el último fin de semana de esta exposición y había mucha gente. A pesar de haber llegado temprano, el tumulto era fastuoso. Oleajes de gente haciendo filas para probar la gastronomía egipcia, las artesanías rusas, la música cubana, los ropajes alegres anaranjados de los Países bajos, el arte de

Quisiera haber tenido oportunidad de apreciar todo lo que la exposición ofrecía, pero no fue posible dado que las carpas que le dan a los países son pequeñas y la cantidad de gente que se acerca es demasiada. En años anteriores, este evento se hacía en Paseo de la Reforma, y había más espacio para caminar. Aquí, en el Zócalo, siento que no hay buena circulación de la gente y el espacio concedido es pequeño. Simplemente no cubre la demanda. Ojalá les dieran más espacio en cada puesto, para explicar cosas, para poder sentarse a descansar un poco. En fin…¡más espacio! Lo decían los expositores, lo decían los visitantes, y lo decía una amiga con la que me topé de sorpresa nadando entre la gente. 

Ojalá las opiniones sean escuchadas y el próximo año esté mejor coordinado.

Mientras tanto, ¿qué hubo para mi este día? Aproveché para probar una pizca de esta exposición. Un agua de cacao de Nicaragua, una pequeña acuarela rusa, una libretita serbia a la que agregaban en la primera página tu nombre escrito en cirílico, y por último, un pequeño par de aretes que adquirí en el stand de Haití. Había mucho más por ver, saborear y conocer, pero simplemente no había lugar para apreciaciones detenidas. 

Para mi fortuna, este evento es anual. El próximo año daré más de una vuelta por cada lugar para conocer sus sabores, y animarme, si el dinero en el futuro me lo permite, a visitar la fuente del país (o países) que más fascinen mis ojos, mi mente y mi imaginación. 

Les dejo la página de facebook del evento por si gustan ver las fotografías que ha subido la gente dentro del evento.

https://www.facebook.com/pages/Feria-de-las-Culturas-Amigas-Comunidad-Oficial/479808888761676?fref=ts

Buscando fantasmas 3

¡Que daría yo por haberme topado con algo esa noche! La situación era ideal: personas saliendo de un evento nocturno (una función de ballet) y para alcanzar el transporte había que caminar por un paraje boscoso que solamente se iluminaba por esas farolas blancas. Al principio el tumulto nos llevaba pero, conforme avanzábamos, nos íbamos […]