Epilepsia, o de cuando te sostienen las estrellas

El sábado 14 de noviembre vino de nuevo. Eran las 8 de la mañana, y entró en mí cuando salía de la regadera, aprovechando mi debilidad por desvelada o algún otro factor. Sin permiso, como ha sido siempre.

Una crisis epiléptica no es sencilla de describir desde adentro, desde la persona que la vive y la transpira, no. Una crisis ha sido completamente descriptible sólo cuando la ve un médico desde afuera, o las personas que se preocupan, te cuidan y procuran hasta  que tengas la fuerza de levantarte otra vez.

Sin embargo, una crisis desde adentro es otra cosa muy diferente a las descripciones que cualquiera pueda hacer desde afuera. Vivir una crisis es percibirse ligero, es como si fueras llevado por algo intangible, como si flotaras. Es sentir que te sostiene algo más allá del entendimiento,  algo invisible dentro de una negrura absoluta y silenciosa.

Me gusta creer que es una especie de contacto con la nada, algo casi sobrenatural, algo idílico, casi sagrado. Nunca me ha parecido algo que me haga lamentarme, aunque sea una situación que por el simple hecho de existir limita muchas de las acciones que me gustaría hacer de vez en cuando, siendo todavía joven y con ganas de devorar el mundo.

Tal vez habrá cosas que me perderé, pero no me pesa. Yo sólo sé que cuando paso por ello, estoy un poco más cerca de tocar el firmamento, y con ello me doy por bien servida.

Lo tedioso en ocasiones es lidiar con el dolor que viene al despertar de aquellos contactos, cuando los moretones y los mareos y lo terrenal vuelve. Pero no importa. La vida es volverse a levantar, recuperarse, y ver el lado brillante de las cosas. El mío: la epilepsia me inspira a escribir, y con eso tengo para más de una vida. 

Para terminar, viene a mí una frase de Vincent Van Gogh: “No soy un aventurero por elección, sino por el destino”.

¡Cuanta razón tenía!

 
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25 pasos. 25 años

Me encuentro explorando los primeros días de mi primer cuarto de siglo.
Tuve oportunidad y tiempo el pasado 3 de julio de mirar hacia atrás y mirar todo lo que he avanzado: las cosas que he hecho, las que he provocado yo, las que han sucedido por azares del destino; las cosas que dije, y las que quise decir y que creo que nunca haré, porque simplemente ha dejado de tener sentido.

¿Qué puedo decir al respecto? A cierta edad (que varía con cada uno de nosotros) comenzamos a darnos cuenta de que no vale la pena luchar por algunas causas, y que, a la inversa, vale toda la pena esforzarse por hacer muchas otras. Los pasos se vuelven más certeros, menos aleatorios, y, aunque no dejemos de sentirnos heridos si algo nos lastimó, debemos aceptar el hecho de que las cosas no siempre resultan como se planean, y eso incluye el plano emocional, aquel que es impulsivo a veces, y que quiere que saltemos del lugar en el que estamos y nos lancemos a conocer más lugares y a tener nuevas aventuras.

Puede que haya comenzado a pisar esa edad de la que tanto hablo. Puede que los 25 para mi sean esa edad en la que uno ya reflexiona con más detenimiento antes de decir o de hacer algo.

Envejecer es avanzar. Envejecer es cambiar. Y tal vez sea por este pequeño detalle, que a mucha gente no le gusta. Porque cambiar implica salir de nuestra zona cómoda y cada día pisar, de manera involuntaria, terreno nuevo en donde nuestros recursos del pasado pueden no tener el mismo valor que les solíamos dar. De repente eres un poco más diferente, y lo notas porque todo el mundo lo veía a excepción de ti. Envejecer es esa oportunidad que la vida nos infunde para hacernos ver de frente y reflexionar al respecto de las cosas que hemos logrado, por las que nos hemos esforzado, y volver a traer a la mente todo aquello que aún nos falta por recorrer. Es una oportunidad que se nos presenta a cada rato y de manera inconsciente, para darnos cuenta que la vida es más que las locuras de juventud, o la belleza de los “años mozos” o la sutileza de nuestra ingenuidad con el primer amor.

A medida que se cumplen años, los caminos se vuelven mucho más interesantes. Al menos eso es lo que creo yo.

Para finalizar, les comparto el fragmento de un texto que me topé en tumblr y que hace una pequeña reflexión al respecto de esa palabra que a muchos aterra: envejecer:

Supongo que, debería sentirme contenta porque cumpliré años. Antes, cuando era una chiquilla me moría de emoción, por los regalos, el pastel, la fiesta… Pero, pasa que, uno crece y hasta cumplir…

“Supongo que, debería sentirme contenta porque cumpliré años. Antes, cuando era una chiquilla me moría de emoción, por los regalos, el pastel, la fiesta… Pero, pasa que, uno crece y hasta cumplir años se convierte en algo molesto. El constante recuerdo de que estoy volviéndome vieja, a pesar de que sólo sean 16 años. Es que, ahí mismo radica el problema: cumpliré 16, y mi vida ha resultado tan contraproducente. Esperaba haber conocido miles de lugares, tener mucha ropa, hablar con muchas personas y haber roto algunas reglas. Y sucede que nada así me ha sucedido. Me da miedo, ¿sabes? Miedo de que mañana despierte y este cubierta de arrugas y mi pelo este cubierto de canas, y apenas pueda caminar. Cumpliré 16 años y jamás he saltado en paracaídas, ni he tenido sexo como tal, ni me he ido de borrachera ni he sido boletinada en el colegio. En vez de eso, he preferido quedarme en casa, ayudar a mi madre, estudiar mucho, leer tantos libros como pueda, descubrir tanta música como mis oídos puedan escuchar, he tenido diversión sana con mis amigos, he recibido tantos besos de él como la distancia ha permitido, he salido a museos y sobre todo, he escrito tanto como yo he querido. Quizás mi vida no es tan mala como yo pienso, sería suficiente a lo mejor, que me pusiera en los zapatos de una chica que no tiene las mismas oportunidades que yo.Supongo que entonces, cumplir 16 años es más como un regalo, no haber hecho tantas idioteces es una suerte y poder escribir es una bendición. Eso. Debo darme cuenta que mi vida es una bendición, que cumplir 16 quizás no sea como lo describen en las películas, pero ¿y qué? La realidad puede muchas veces resultar mejor que la fantasía.

Ahora, sólo quiero apagar las velas de mi pastel de cumpleaños, pedir un deseo, besar a mis padres y ¿porqué no? También darle un beso a él.”

Frustraciones, volumen II; Una Escritora Amateur

( Fuente: Reflexión sobre la edad)

Descubriendo un aspecto de mi

Después de mucho reflexionar acerca del por qué muchas cosas me afectan a niveles que no deberían, fue que surgió esta pequeña frase. Esta idea, entre debates mentales y reflexiones de mi hacia mi.
¡Lo he descubierto!
Ahí radica mi debilidad, y es justo por eso, que debo trabajarla para convertirla en una nueva fuerza.
Estoy segura que ahora que he visto el cómo y el por qué soy así, puedo empezar a ocuparme de ello.
Un pequeño-gran avance, sin lugar a dudas.
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Meduseando

Medusa, ayer me hechizaste con tu hipnotizante palpitar.

Te elevas, como si flotaras, y te mezclas

y te mueves entre tus hermanas de estanque.

Eres vida que late en cada ondular marino,

de esos que se balancean

entre aquella salvaje y caprichosa naturaleza,

entre suavidad y punzada,

entre lo puntiagudo de tus aguijones

y lo algodonosos que pueden parecer tus movimientos.

Especies por miles. Variaciones en tamaño, forma, y minucioso detalle.

Suavidad de nube como base; curiosidad que se combina

con tentáculos que parecen de seda y encaje.

¡Lates cual corazón, belleza viva!

¡Te atraigo hoy a mis letras, para que vivas siempre a través de ellas!

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Medusas jóvenes. Fotografía tomada en el Acuario Inbursa, Ciudad de México.
Fotografía tomada en el Acuario Inbursa, en la Ciudad de México.
Fotografía de una medusa invertida, tomada en el Acuario Inbursa, Ciudad de México.

Año nuevo, sentimiento fuerte

Los días corren como agua y viento: sin detenerse a respirar. Sin parar para darnos un instante de calma.
Corren y vuelan y yo con ellos. No me detengo.
Pasa un soplo de brisa, un parpadeo de Gea, y de repente otro año se nos está yendo.
Quiero agradecer a todos los que formaron parte de mi año, tanto los que llegaron como los que decidieron ya no estar. He aprendido mucho de todos, he aprendido mucho más de mi, y eso me ha despertado de nueva cuenta un hambre voraz por nuevas aventuras y retos. ¿Qué habrá de venir a partir de mañana? Aún no lo sé, pero no tengo ganas de detenerme. Fluyo con el sentimiento palpitante de que habrán de venir muchas cosas diferentes y hermosas.
Estoy llena de energía y de emoción.
¡Bienvenido seas, 2015!

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100 seguidores

¡Se han cumplido los 100 seguidores! 

Seré breve y concisa:

Les agradezco, de verdad, a todos aquellos que leen mis palabras en este blog. Jamás creí que tanta gente llegaría a leerme, y mucho menos tantos que llegarían a estar al pendiente de mis publicaciones. Muchas gracias por estas lecturas, estas reflexiones y estas compañías que a veces se posan junto a mi, silenciosas. 

Espero que esta comunidad siga creciendo.Yo los leo aunque a veces no tenga la oportunidad de demostrarlo. Muchos lo saben y otros tal vez no, pero vale la pena decirlo. 

Estamos juntos en esto, y vale la pena seguir caminando juntos porque así es como los grandes proyectos nacen. Así es como la vida nos demuestra su verdadero valor: a pequeños y fuertes tragos. 

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