Ven…

Ven, ven,vamos, mi bien,

que el camino es largo,

y muchas las pruebas 

que la vida nos ha de presentar.

Más, la existencia también 

me trajo algo por lo cual

vale la pena vivir:

nosotros.
Vamos, mi bien,

que el camino es largo

y muchas las pruebas.

Sueño del 16 de enero de 2015

Soñé que iba a visitarlo y que entrábamos a un lugar en el que veríamos películas toda la noche. Películas de miedo, recostada a su lado.
Había una cama, y luz, en un pequeño departamento en un piso muy alto y rodeado por grandes ventanas. Recuerdo que le dije que debería poner cortinas porque si no, todos los vecinos veían lo que hacía diario, y él me aseguró que no era así. “Además”, dijo, “si pongo cortinas me perderé el hermoso amanecer que se puede contemplar desde aquí. Si tienes suerte y te mantienes despierta, tú también lo podrás ver.”

Nos acostamos con botanas y bebidas, acurrucados entre cobertores por el frío que hacía. Prendimos la TV y disfruté una de tantas películas abrazada a él. El aroma de su cuello y la situación en sí me sedujeron bastante, pero no duraron más.

Desperté con una sonrisa melancólica en los labios, sintiendo todavía ese deseo palpitante de uno de sus besos, añorando que aquello fuera real, aunque fuera sólo un minuto más.

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Carta a una amiga

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Querida amiga:

Extiendo a la distancia, mi más sincero saludo para que llegue a ti en forma de un fuerte abrazo. Sé que no han ido del todo bien las cosas. Sé que esta ha sido una etapa difícil para ti, y lo sé muy bien porque cada día se vuelven más claras las evidencias.

Tu corazón pertenece a alguien que no lo valora. Tus sentimientos permanecen en una cuerda floja hasta que los vuelven a tomar en cuenta, tiempo después. Vives en la eterna espera del “algún día cambiará” y del “algún día se dará cuenta de lo que tiene aquí.”

Vives a la sombra de otra mujer porque tu devoción se entrega a un hombre que juega a la intermitencia entre ella y tú. Abres el corazón y las piernas, al principio como un juego, como un pasatiempo. A veces, creyendo que compites con alguien más por un premio, a veces, sólo porque te sientes sola, y la atención que él te da satisface de alguna forma esa enorme sed que tienes de amor, de amar, y de llenar el vacío con el deseo ferviente de ser querida.

En un principio no te importó, pero ahora no soportas que te importe y le ruegas al susodicho patán que no te deje, que se quede contigo, que lo amas y que su lugar es a tu lado.

Pero él vacila. La duda lo inunda. Y si no te lo demuestra de forma responsable y honesta, callará y desviará la mirada, corroído tal vez por la culpa o por el miedo de que, por fin, estés pidiéndole un lugar en su vida. Un lugar que no se desvanezca con el cambio de estación o de temperatura. Un lugar en el que se pueda confiar.

¡Ay, amiga! El sólo ver la situación y leerla a través de tus confidencias me llena de una inmensa tristeza. Yo te pregunto en este momento: ¿Dónde dejaste tu dignidad? ¿La metiste debajo de tu cama para no tener que mirarla, resquebrajándose, cada que te ves al espejo?

¿Dónde dejaste, querida amiga, la autoestima de la cual te sentías tan orgullosa hace tiempo? ¿La has enterrado en algún lugar oscuro en el fondo de tu mente?

Me perturba y exaspera que no sepas dar respuesta a estas interrogantes. Me sorprende que desconozcas dónde has dejado aquello que te hacía sentirte valiosa ante ti misma y ante el mundo. Has llegado a un punto en el que crees que sólo tienes valor cuando un ser humano (de todos los miles de millones que viven y pululan por este planeta) posa sus ojos sobre ti. Y sólo por el instante en el que te proporciona esas ínfimas migajas de su atención, te sientes dichosa. Y te aseguro, amiga, que si no haces nada por ti, para recuperar tu cordura y tu personalidad, llegará el instante en el que decida no volver a mirarte, y eso, a la larga, te destrozará por dentro.

Te prevengo desde ahorita porque te aprecio, te quiero, y porque sé que te mereces algo mucho mejor que eso. Ojalá que lo medites, y llegues a pensar lo mismo algún día.

Con mi mayor sinceridad y cariño,

Luthiérzebeth

Fuente de la imagen: https://weheartit.com/entry/150339327

Conmigo lates

Lates conmigo, conmigo lates,
porque eres la luz de los caminos que recorro día a día,
eres el color y alegría dentro de mi oscuridad.
Y contigo mis latidos van
cuando escribo,
cuando sueño,
cuando respiro,
cuando vivo.

Cuídate, nunca permitas que me abandone tu calor.
Cuídate, que yo también te cuidaré y procuraré
cada uno de mis días.

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Imagen por Gesine Marwedel