Frases lectoras 3. El lado activo del infinito, de Castaneda 

A todos nos pasa alguna vez. Hay muchos autores de los que no sabemos, sin saber la razón exacta de ello. Carlos Castaneda es uno de ellos, y, a pesar de ser tan conocido, a veces tenemos la mirada puesta hacia un lugar tan distante o metido en tal cantidad de otros libros, que nos es difícil conocer a otros autores. Por fortuna, esos lapsos de distracción no duran mucho.

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El último apaga la luz. Anuncio

Hola, amigos lectores.

Es un gusto para mí anunciar que el próximo jueves 14 de abril estaré en UTA Insurgentes para la presentación del libro “El último apaga la luz“, en el cual colaboré con un relato sobre la muerte.

Me emociona mucho poder acercarme poco a poco a proyectos cada vez más grandes. Eso de que los pasos se agigantan a veces me da un poco de miedo o quién sabe qué sea lo que me invade. A lo mejor una emoción que no he sido capaz de contener. ¡Qué genial! 

A la vez esto me motiva para seguir creando y compartiendo historias. Agradezco desde hoy (y desde siempre) a todos aquellos que me leen y me apoyan con sus palabras, compañía y consejos. La gente luminosa no abunda, y me alegra contar con la amistad de varios.

Debo irme por ahora, pero lo reitero: ¡Gracias!  
 

Megaofrenda Unam 2015

El viernes 30 de octubre a las 3:30 aprox, me formé para entrar a la mega ofrenda de la UNAM, que este año se llevó a cabo en el Estadio Olímpico Universitario. La fila avanzó rápido y pudimos entrar con fluidez, a pesar de que aún a temprana hora se veía bastante gente. 

Este año las ofrendas fueron en su mayoría dedicadas a José María Morelos y Pavón, y hubo un despliegue artístico muy interesante. Por todos lados veía cosas que tardaron horas en ser elaboradas y montadas. 

  
   
Octubre y noviembre son mis meses favoritos del año por toda esa carga que tienen, casi mágica. El aroma de flores, pan de muerto y chocolate caliente;  el detalle y color de las decoraciones de cada una de las representaciones artísticas destinadas a celebrar a la muerte. 

   
   
Es hermoso contemplar estos trabajos. Es del tipo de cosas que me fascinan porque cada escuela, facultad o institución participante encuentran la manera de materializar ese culto, esa belleza que representa honrar a nuestros muertos.

Si he de elegir alguna que haya sido “mi favorita” me atengo a lo más tradicional: 


Esta ofrenda fue puesta por los estudiantes becados que provienen de comunidades indígenas. Tuve oportunidad de platicar con uno de ellos ese día porque escuchó mis comentarios al respecto de su ofrenda y se acercó. Me explicó que él venía de la zona de la mixteca baja, en el estado de Oaxaca, y que puso en la ofrenda cosas que eran tradicionales de los altares de muertos en su tierra. Sus compañeros hicieron lo mismo, y dio como resultado una ofrenda riquísima, con el arco de flores y llena de mandarinas, piloncillo, tlayudas, sombreros de paja, mezcal, además de un sinfín de otras delicias con las cuales, seguramente, los  muertos se han de haber dado un buen banquete.

 
Espero que el siguiente año pueda ser partícipe de más eventos de flores, banquetes y catrinas. Son magníficos e incomparables los de un año con los del anterior o el siguiente. 

Bien se dice que en México nos reímos y celebramos a la muerte. Pero, a la vez, se le rinde un culto devotísimo en honor de todos aquellos que ya no están. Es una de las tradiciones que más venero: el gozo de dar un saludo a los que nos visitan del otro mundo una vez por año.

De cómo Ayotzinapa me abrió los ojos

Antes de que ocurrieran los hechos de Ayotzinapa, Guerrero, las cosas eran diferentes en mi vida. La política no era importante, simplemente era un tema por el que no tenía ningún interés real, más que aquel que las noticias masivas dictaban. No sé explicar la razón de esto, pero así era.

Es probable que antes mi interés se hallara sumergido en los estudios, mi pasión por los libros, mi familia, amigos, y aún más en tratar de entenderme mejor a mí misma de manera interna, como un ente individual que es capaz de teorizar y practicar un poco a diario sobre el lugar que le corresponde en el mundo.

En resumen, miraba más hacia adentro que hacia afuera, y me sentía feliz así. En eso consistía mi mundo.

Sin embargo, las cosas comenzaron a ser diferentes hace casi un año, después del día 26 de septiembre de 2014. Recuerdo que comencé a ver titulares en los portales de noticias que hablaban de una matanza en Iguala, y de un lugar llamado “Ayotzinapa”. Al principio no puse demasiada atención, pues estaba acostumbrada a leer ese tipo de titulares y no me gustaba leer cosas tristes. Sin embargo, hubo un artículo en particular que fue el primero en llamar la atención. No sé la razón, pero así fue. Recuerdo muy bien que era un artículo de la Revista Proceso titulado “El dormitorio más triste y solo de Ayotzinapa”. El leerlo me dejó con un hueco en el estómago y un creciente interés en el tema. Interés que, conforme más era alimentado con notas y artículos, también se vio lleno de tristeza y horror.

¿Alguna vez han tenido la desgracia de sentir un vacío lento y doloroso que suele surgir cuando se tiene reciente conocimiento de una traición? Pues sentí algo parecido a eso, pero hacia mi persona.

¿Cómo era posible mantener los ojos en el cielo (o cerrados) por tanto tiempo?

¿Cómo pude haber creído que la fuente de bienestar en mi vida proviniera de lugares y acciones tan limitadas, sin ver más allá?

Debido a esa sensación sentí una gran necesidad de recuperar el tiempo perdido, y abrí los ojos de golpe a la verdad.

Y al poder observar a detalle, noté que la verdad era complicada y simple al mismo tiempo: Vivo en un país hermosísimo en muchos sentidos. Está lleno de maravillas naturales, historia y museos que la preservan, folklor, gente cálida y una interminable lista de tradiciones. Contamos con una cultura abundante y rica, que me llena de orgullo. Pero, desgraciadamente, en la misma cantidad de magnificencia que el país posee, lo tiene también en plagas, en mares de personas a las que denomino “egoístas” sin mucho miramiento. Los llamo así porque es el adjetivo que mejor describe a políticos, empresarios, (además de lacayos de ambos grupos),  y me ahorra la molestia de evocar una larga lista de nombres que, como los virus y las bacterias nocivas, parecen no tener final a simple vista porque cada día surgen nuevos nombres y tipos.

Volviendo al tema principal, antes de Ayotzinapa, yo estaba consciente de que las cosas en el país no iban bien, pero no me había acercado a intentar entender o averiguar qué tan mal se encontraban o por qué.

Saber lo que estaba pasando allá despertó en mí una inmensa sed de saber más. Me leí muchas cosas de lo que encontraba en línea cada que tenía tiempo libre, todo esto sin dejar de sentirme triste. ¿Cómo no sentirnos tristes ante una situación como esa?

Por la misma razón de aquella visión limitada que solía tener, yo no era una persona que se quejara demasiado de su situación en el mundo. No era, como se dice aquí en México, una persona “revoltosa” o “pleitera”, y sin embargo el saber lo que le pasó a esos muchachos, me impactó, tal vez porque tenía poco tiempo de haber salido de la universidad, y pude imaginarme que es algo que le podía haber sucedido a mis compañeros: jóvenes estudiantes, atacados con la violencia de las armas de fuego; uno de ellos con un rostro desollado que le dio la vuelta al mundo; muchos testigos y sobrevivientes con las caras repletas de golpes, miedo y angustia; y, para finalizar, 43 estudiantes desaparecidos. El número, al igual que todo lo demás, se conoce en todo el mundo.

Junto conmigo, vi despertar a miles de personas. Nos interesamos poco a poco en lo que estaba pasando y por qué. Nos angustiamos más al saber que aún en un país en el cual existen tantas leyes encargadas de regularlo todo, no sean aplicadas ni por los que deberían dar el ejemplo. Vuelvo con esto a mi planteamiento acerca de aquellos egoístas de los que hablaba hace algunas líneas, pues es como una licencia que me puedo permitir una y otra vez ante todas esas figuras autoritarias, porque eso es lo que tienen todas en común: egoísmo. Y, cuando alguien se halla poseído por egoísmo, siempre se encontrará incapaz de observar lo mucho o poco que sus caprichosas acciones pueden llegar a perjudicar a los demás, pero llevan actuando tanto tiempo de esa forma que habíamos llegado a acostumbrarnos a sus antojos.

México estaba anestesiado y, aunque había mucha gente que a diario se quejaba de estos egoístas, no había visto una unidad tan grande como cuando sucedió el caso Ayotzinapa. Tuve esa oportunidad única de apreciar todo a mi alrededor y mis ojos se llenaron de luz y ganas por saber la verdad, además de ansias de justicia.

Conforme fui poniendo más atención al respecto del tema, llegué a escuchar de algunos conocidos y de muchos que comentaban el tema en la calle, que los 43 (al igual que todos los revoltosos del mundo) se merecían lo que les había sucedido por andarse metiendo con gente peligrosa, por andar haciendo mítines, o boteando, o alterando el orden público. Me pareció interesante que mucha gente tuviera este tipo de mentalidad porque habla directamente de lo acostumbrados que estamos a la violencia, a que alguien “merezca” tal o cual agresión. Yo le quisiera preguntar algo a todos aquellos que ven con buenos ojos (o con justificaciones) lo que les pasó a estos muchachos:

¿Qué tan faltos están de humanidad?

¿Le desearían a alguien el desollamiento, la tortura, o la desaparición?

Terminando este pequeño par de cuestionamientos, yo me atrevo a anotar que no se trata de dictaminar sentencia ni para santos ni para demonios: estamos pensándolo para personas que son como nosotros, que pueden estar en lo correcto o equivocarse al tomar alguna decisión: ¿Creen honestamente que “merecían” lo que les pasó?

Miles dijimos “no” con un largo grito. NADIE, absolutamente nadie, merece lo que le pasó a esos muchachos. Nadie merece, por ningún motivo, perder su identidad ni su humanidad, se trate de quien se trate.

Abrir los ojos y la mente a esa idea es difícil porque por todos lados hay temas mucho más gratos que comentar y discutir. Sin embargo, todas esas cosas que consideramos “polémicas”, “malas” o “tristes” no van a dejar de suceder con el solo hecho de cerrar los ojos. Esa es la realidad.

Cada vez tenemos más herramientas contra todos esos egoístas que se revuelcan en sus charcos de podredumbre, y se echan a correr para no ser atrapados, y se hacen techos con dinero que no les corresponde, y mandan amenazar, matar, atacar, torturar, o secuestrar por capricho, como si las vidas ajenas fueran cartas o piezas de ajedrez que pueden caer sin sentir dolor.

A manera de conclusión, sólo me queda decir que mientras más rápido veamos esta, nuestra realidad, y más interés tengamos en cambiar los horrores que a diario surgen por culpa de estos inauditos egoístas, más posibilidades tenemos de hacer un cambio. La prueba de ello la viví: yo cambié, y vi cambiar a la gente, y queremos cambiar el México en el que vivimos para que estos horrores dejen de ser cotidianos, y se busque la justicia para todos aquellos que ni siquiera tienen vida, voz, o libertad para defender sus derechos.

Te amo, México, y no te dejaré a la merced de esa plaga de egoístas.

He abierto los ojos, y no los volveré a cerrar nunca.

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Imagen tomada el 2014, con un cartel que elaboré.

Entre las aguas de un “Mar Negro” 

Este libro titulado “Mar Negro” y cuyo autor es Bernardo Esquinca, fue presentado el día 21 de febrero de este año en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. 

Primer cosa que debo admitir antes de comenzar: No lo conocía. Ni a él, ni a su obra, ni a la editorial Almadía, encargada de publicarlo. Sólo soy una neófita curiosa que nunca pierde oportunidad de avanzar. En este caso en particular sólo seguí junto con el amigo que me acompañaba, el camino de libros desde donde se encontraba el stand de la editorial hasta la presentación de su libro, atraídos por lo que habíamos leído ya en la contraportada de “Toda la sangre” y nuestra eterna devoción a la literatura de terror. Terminando la presentación, compré “Mar Negro” y después de haber solicitado la dedicatoria al autor, me llevé el volumen a casa para explorar su textura, sus páginas, su portada, y todas aquellas cosas que ya me habían llamado la atención por las temáticas que se habían mencionado.

Cuento a cuento, fui recorriendo por primera vez el pensamiento y el estilo de este autor mexicano. Conocí sus letras, sus miedos, su fuerte tendencia a finales abiertos que estimulan a la imaginación y sus fobias, proyectadas de manera directa cada historia. Cabellos, patas de bichos, el sonido del crujido de haber pisado alguno, los amarres y sus consecuencias negativas, las muñecas poseídas, el punto de vista de un zombi en plena matanza de 1968, la figura del vampiro rearmado de aquellos pedazos que ha dejado el abuso de imagen de una criatura de leyenda por mera moda… en fin, una breve y muy refrescante ola de miedo a la mexicana que me cayó bastante bien mentalmente. Disfruté y exploré un ápice más de esta inmensa cantidad de letras que andan por ahí, esperando ser descubiertas y recorridas. Ojalá se le diera más difusión. Ojalá este post contribuya a que nuevos lectores se aventuren entre sus páginas.

¿Lo recomiendo? Sí. Siento que hay mucho talento ya publicado en México, pero la publicidad y el nivel de conocimiento que se le da a la lectura en este país no es ni una cuarta parte de lo que en otros. He visto fuera de las editoriales reconocidas muchas obras que prometen, y que no conocemos porque siempre se le da atención a los mismos autores. Debemos aceptar que hay miles de obras que valen la pena además de los grandes o de los que nos hacen creer que son grandes sólo porque venden mucho (el tan famoso Best Seller), y por ello creo que los escritores actuales de calidad también necesitan espacio y oportunidad para ser conocidos a mucho mayor nivel.

Bueno, eso pienso yo. 

Mi cuento favorito dentro de esta pequeña colección es “Sueña conmigo”, que trata de un coleccionista de muñecas embrujadas o poseídas a quien de repente le llega una adición anónima a su colección llamada Greta, que, aunque perturbadora como las demás, cuenta con algo adicional que le inquieta mucho…

¿Lo leerías?



Los Bots. Pueblo sobornado contra Pueblo libre

Veo toda la manipulación mediática que trata de eliminar de twitter las quejas del pueblo mexicano sobre su gobierno, me pone a pensar y me gustaría soltar algunas preguntas para aquellos censuradores:

¿Qué se siente ser un engrane más dentro de un sistema corrupto?
¿Qué se siente ser el que busca tapiar con tabla roca la inconformidad que ebulle en su propia nación?
¿Por qué creen que, con la supresión, llegará el día en el que dejemos de quejarnos por toda la inseguridad, corrupción, e impunidad que infecta a mi México querido?

¡Qué vergüenza, que risa y que tristeza! Pero, ante todo, ¡que magníficas ganas de seguir luchando por despertar a mi gente, por concientizar a todos los que estén a mi alcance!

Debemos seguir haciendo todo lo posible por demostrarle a todo México y al mundo que, cada que quitan un cartel o una manta, o censuran un tema, o una inconformidad manifestada públicamente, nos invitan a poner diez más, a poner en la mesa otro tema relacionado al anterior, y a seguir marchando. Porque la época de callar y bajar la mirada ha quedado en el pasado. Porque ya no estamos dispuestos a ceder.
Así que, entiéndanlo:
Sus censuras nos inspiran.
Sus censuras nos retan, y nos invitan a esforzarnos más para unirnos y organizarnos para mejorar al país.

Termino con un pequeño trabalenguas improvisado:

Seremos estabilizadores,
contra la desestabilización,
que los desestabilizadores
no quieren estabilizar.

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Ilustración realizada por: @Alex_Grita

20 de noviembre: Marcha por la Justicia.

Hoy marchamos otra vez.
El gobierno lo sabe y teme,
a tal punto que se esconde,
y ha desplegado toda la fuerza policial.

Los policías subidos en camionetas,
los soldados vestidos de civiles,
ven cámara, o persona vestida de negro
y su mirada se torna densa, como si
los entrenarán para que haya desprecio
en donde debería haber protección.

Lo sé. Lo veo hoy.
Lo viví porque el día de hoy uso color negro como bandera.
Lo confirmo ahora que me dirijo a marchar.

¡Justicia para Ayotzinapa! ¡Por todos y cada uno de los caídos y desaparecidos!
¡Justicia para México! ¡Por cada injusticia, acto violento, de abuso o corrupción de este país que se hunde bajo una máscara mal hecha del gobierno!

Porque México quiere justicia, y quiere paz.

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