Megaofrenda Unam 2015

El viernes 30 de octubre a las 3:30 aprox, me formé para entrar a la mega ofrenda de la UNAM, que este año se llevó a cabo en el Estadio Olímpico Universitario. La fila avanzó rápido y pudimos entrar con fluidez, a pesar de que aún a temprana hora se veía bastante gente. 

Este año las ofrendas fueron en su mayoría dedicadas a José María Morelos y Pavón, y hubo un despliegue artístico muy interesante. Por todos lados veía cosas que tardaron horas en ser elaboradas y montadas. 

  
   
Octubre y noviembre son mis meses favoritos del año por toda esa carga que tienen, casi mágica. El aroma de flores, pan de muerto y chocolate caliente;  el detalle y color de las decoraciones de cada una de las representaciones artísticas destinadas a celebrar a la muerte. 

   
   
Es hermoso contemplar estos trabajos. Es del tipo de cosas que me fascinan porque cada escuela, facultad o institución participante encuentran la manera de materializar ese culto, esa belleza que representa honrar a nuestros muertos.

Si he de elegir alguna que haya sido “mi favorita” me atengo a lo más tradicional: 


Esta ofrenda fue puesta por los estudiantes becados que provienen de comunidades indígenas. Tuve oportunidad de platicar con uno de ellos ese día porque escuchó mis comentarios al respecto de su ofrenda y se acercó. Me explicó que él venía de la zona de la mixteca baja, en el estado de Oaxaca, y que puso en la ofrenda cosas que eran tradicionales de los altares de muertos en su tierra. Sus compañeros hicieron lo mismo, y dio como resultado una ofrenda riquísima, con el arco de flores y llena de mandarinas, piloncillo, tlayudas, sombreros de paja, mezcal, además de un sinfín de otras delicias con las cuales, seguramente, los  muertos se han de haber dado un buen banquete.

 
Espero que el siguiente año pueda ser partícipe de más eventos de flores, banquetes y catrinas. Son magníficos e incomparables los de un año con los del anterior o el siguiente. 

Bien se dice que en México nos reímos y celebramos a la muerte. Pero, a la vez, se le rinde un culto devotísimo en honor de todos aquellos que ya no están. Es una de las tradiciones que más venero: el gozo de dar un saludo a los que nos visitan del otro mundo una vez por año.

Buscando fantasmas 4

Esta escalera es la que utilizo a diario para llegar a mi área de trabajo, en un piso al que llaman “intermedio”. Hace un par de días hubo apagones y se quedó casi a oscuras.

No sé cómo describir la zozobra que viene con esas oscuridades que parecen no tener final, ya que los ventanales se encuentran lejos de esta sección de la Biblioteca. Miré, y supe que hubo dentro de mi un sentimiento extraño, una congoja, un temor sutil que se filtró por los poros, y que revolvió todo. Sentí que había algo ahí abajo.

  
El día que tomé la fotografía no me atreví a bajar al fondo. 

Si tú vieras una escalera que parece conducirte a una negrura absoluta, ¿bajarías?

Texturas I

Comienzo este pequeño ciclo titulado “Texturas” con este post. La idea surgió cuando miraba fotografías aleatoriamente y me quedé pasmada con esta. ¿Cómo no escribir algo sobre ella?

Suavidad. Sutileza. Ensueño. Es una belleza tan delicada que puede esfumarse en un suspiro. Estética de una naturaleza que parece haber planeado todo con cuidado.

Veo la textura de los dientes de león y pienso en cosas así, suavecitas, frágiles, pequeñas e infinitamente bellas.

Es muy agradable la sensación de descubrir y redescubrir el mundo cada día. Así, nunca pierde sus colores, ni sus texturas, ni sus detalles.

Espero traer más pronto, que hay demasiado por ver en este mundo para aquellos con ojos curiosos.

Fuente de la imagen

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Fotografía de Evan Leeson
 

Meduseando

Medusa, ayer me hechizaste con tu hipnotizante palpitar.

Te elevas, como si flotaras, y te mezclas

y te mueves entre tus hermanas de estanque.

Eres vida que late en cada ondular marino,

de esos que se balancean

entre aquella salvaje y caprichosa naturaleza,

entre suavidad y punzada,

entre lo puntiagudo de tus aguijones

y lo algodonosos que pueden parecer tus movimientos.

Especies por miles. Variaciones en tamaño, forma, y minucioso detalle.

Suavidad de nube como base; curiosidad que se combina

con tentáculos que parecen de seda y encaje.

¡Lates cual corazón, belleza viva!

¡Te atraigo hoy a mis letras, para que vivas siempre a través de ellas!

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Medusas jóvenes. Fotografía tomada en el Acuario Inbursa, Ciudad de México.
Fotografía tomada en el Acuario Inbursa, en la Ciudad de México.
Fotografía de una medusa invertida, tomada en el Acuario Inbursa, Ciudad de México.

Moldeando nubes

Que hermosa casualidad,
que, a partir de ahora,
sea capaz de contemplar
el firmamento en su máximo esplendor.

Tan bien me siento,
que considero potencial
la capacidad de darle forma
a cada detalle de mi vida
y de mi mundo.

Tan bello es todo,
que podría moldear las nubes
sólo con mi imaginación.

¿Es posible sentir tanta felicidad en la piel sin estallar en el transcurso del regocijo?

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Órden y desorden

Esta semana nos pidieron en la Biblioteca a M y a mí que acomodáramos una repisa del hermoso fondo antiguo al gusto de un fotógrafo que vendría a hacer unas tomas para un libro conmemorativo que se hará por el 75 aniversario del INAH.
Para esto, preparamos una repisa con muchos de nuestros más bellos ejemplares y temáticas para que salieran en una fotografía que, según nos dijeron, abarcará la página completa de dicho libro y, por su monumental tamaño, se verían hasta los detalles de los títulos.
Fue divertido reunir algunos de los muchos bellos libros que tenemos y ponerlos todos juntos.
Con la labor completada, nos tocó retornarlos a sus respectivos hogares. Fue mas tardado de lo que creí, porque descubrimos que los libros no estaban tan ordenados como creíamos, pero eso nos permitió explorarlos un poquito más. Hojearlos, poner en orden las fichas bibliográficas que tienen dentro para una localización más rápida y fascinarnos fugazmente con sus ex libris, o con sus marcas de fuego.
Aún no me familiarizo al 100% con esta cueva cargada de saber, pero me basta con estar consciente de que aprendo nuevas y diversas cosas cada día. Siento muy dentro de mi una pequeña satisfacción que arde como una flama. Poco a poquito, a veces impulsada por el viento hasta lograr grandes incendios. Se apodera de mi una gran sensación dulce, de seducción por saber más.

Llámenme Insaciable, porque es la verdad. Lo soy, y me enorgullece serlo.

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