Lejos de ti: día tres y cuatro

Día 3 

De vuelta en casa, todos los temas que fluían con facilidad entre amigos ahora se alentan, atorados un poco en el fango mental que suelen traer los silencios prolongados.

A veces suele venir a la mente el preciso tema que trataba de soportar, pero de la mano de ansiedad, de la duda, o de la imaginación.

Curiosa es, la imaginación. A veces puede hacernos creer y caer en cosas que no tendrían ningún sentido fuera de ella.

 

 

Día 4

Me inundé de trabajo. Es pesado, y, extrañamente, eso me ha parecido bueno en estos días. Ha sido una rutina de mente ocupada, y cuerpo ocupado.

Hoy fue uno de esos días en los que sólo se llega al al hogar para comer algo y caer sobre cualquier superficie suave que proporcione la promesa de un buen descanso.

Es agradable este agotamiento. Saca de mi mente todo lo que tiene que ver contigo.

Escribo…

Escribo cuando te deseo aquí y no te tengo.
Cuando te añoro.
Cuando tengo ganas de profesarte una palabra,
un afecto que se me figura infinito dentro del arcón
de este profundo sentimiento.
Incluso cuando creo odiarte,
cuando creo que lo mejor es alejamiento
y olvido,
yo te escribo, en afán de siempre recordarte.

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Carta a una amiga

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Querida amiga:

Extiendo a la distancia, mi más sincero saludo para que llegue a ti en forma de un fuerte abrazo. Sé que no han ido del todo bien las cosas. Sé que esta ha sido una etapa difícil para ti, y lo sé muy bien porque cada día se vuelven más claras las evidencias.

Tu corazón pertenece a alguien que no lo valora. Tus sentimientos permanecen en una cuerda floja hasta que los vuelven a tomar en cuenta, tiempo después. Vives en la eterna espera del “algún día cambiará” y del “algún día se dará cuenta de lo que tiene aquí.”

Vives a la sombra de otra mujer porque tu devoción se entrega a un hombre que juega a la intermitencia entre ella y tú. Abres el corazón y las piernas, al principio como un juego, como un pasatiempo. A veces, creyendo que compites con alguien más por un premio, a veces, sólo porque te sientes sola, y la atención que él te da satisface de alguna forma esa enorme sed que tienes de amor, de amar, y de llenar el vacío con el deseo ferviente de ser querida.

En un principio no te importó, pero ahora no soportas que te importe y le ruegas al susodicho patán que no te deje, que se quede contigo, que lo amas y que su lugar es a tu lado.

Pero él vacila. La duda lo inunda. Y si no te lo demuestra de forma responsable y honesta, callará y desviará la mirada, corroído tal vez por la culpa o por el miedo de que, por fin, estés pidiéndole un lugar en su vida. Un lugar que no se desvanezca con el cambio de estación o de temperatura. Un lugar en el que se pueda confiar.

¡Ay, amiga! El sólo ver la situación y leerla a través de tus confidencias me llena de una inmensa tristeza. Yo te pregunto en este momento: ¿Dónde dejaste tu dignidad? ¿La metiste debajo de tu cama para no tener que mirarla, resquebrajándose, cada que te ves al espejo?

¿Dónde dejaste, querida amiga, la autoestima de la cual te sentías tan orgullosa hace tiempo? ¿La has enterrado en algún lugar oscuro en el fondo de tu mente?

Me perturba y exaspera que no sepas dar respuesta a estas interrogantes. Me sorprende que desconozcas dónde has dejado aquello que te hacía sentirte valiosa ante ti misma y ante el mundo. Has llegado a un punto en el que crees que sólo tienes valor cuando un ser humano (de todos los miles de millones que viven y pululan por este planeta) posa sus ojos sobre ti. Y sólo por el instante en el que te proporciona esas ínfimas migajas de su atención, te sientes dichosa. Y te aseguro, amiga, que si no haces nada por ti, para recuperar tu cordura y tu personalidad, llegará el instante en el que decida no volver a mirarte, y eso, a la larga, te destrozará por dentro.

Te prevengo desde ahorita porque te aprecio, te quiero, y porque sé que te mereces algo mucho mejor que eso. Ojalá que lo medites, y llegues a pensar lo mismo algún día.

Con mi mayor sinceridad y cariño,

Luthiérzebeth

Fuente de la imagen: https://weheartit.com/entry/150339327

Conmigo lates

Lates conmigo, conmigo lates,
porque eres la luz de los caminos que recorro día a día,
eres el color y alegría dentro de mi oscuridad.
Y contigo mis latidos van
cuando escribo,
cuando sueño,
cuando respiro,
cuando vivo.

Cuídate, nunca permitas que me abandone tu calor.
Cuídate, que yo también te cuidaré y procuraré
cada uno de mis días.

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Imagen por Gesine Marwedel

Mi perdición en su piel

Repetidamente he escrito sobre L’Agemé, aquel ser que aparece ante mi de repente, inundando mi mente con su personalidad relajada, invitándome a confiar.
Tenía un muy buen rato que no lo veía, que nuestros pasos no habían coincidido porque su andar es muy libre y flotante por el mundo y el mío es terrenal, enraizado y parsimonioso. En cuanto lo vi, le di un fuerte abrazo y hablamos de nuestras últimas aventuras.
Tardé un par de horas en decirle que lo extrañaba, que me ha sido más difícil seguir su vuelo con la mirada. Lo sabía y me dice de vuelta que las circunstancias no se lo habían permitido, además de que había estado ocupándose de ir a que le terminaran de hacer unos cuantos tatuajes.
Inmediatamente me dio curiosidad y le pregunté por ellos. Confiado como es, se quitó sin miramiento la camiseta gris oscuro que traía y me mostró un bello trabajo que la artista había volcado sobre su piel.

– ¡Impresionante! ¡Que buen diseño!- Tenía un laberinto de espinas en la cadera, y corría por todo su abdomen,donde no podía ver el desenlace.

– ¿Te gusta?- preguntó, sin dejar de mirarme con entusiasmo, como si realmente hubiera estado esperando mi opinión.

– Me fascina. ¿Hay más que eso?

– Sí. Pero no están en zona visible. Aún así ¿quieres verlo?

No respondí. De repente, sentí la necesidad de besar esos tatuajes. Me invadió una sed  voraz por recorrer cada una de las líneas que los formaban y de besar los ojos de las criaturas. Quería besar ese brillo vivo que ahora viajaba con él en innumerables pares. Quería besar sus labios y derramar mi saliva deseosa en aquellos fragmentos de carne pintada. En aquella piel que a simple vista consideraba deliciosa.

Hubo un momento, en aquel éxtasis visual e imaginario, en el que sentí que la tinta también correría hacia mi cuerpo si lo acercaba adecuada y apasionadamente al suyo. Sin pensarlo más, le di un ligero empujón para que se sentara en mi sofá, me despojé de mi ropaje, y me lancé a la caza de la tinta de sus tatuajes. A la búsqueda de aquellos caminos curiosos que siempre permanecen, y que siempre se mantienen misteriosos cuando se trata de L’Agemé.

Él, siempre la razón de que se zafen de mi todas y cada una de mis razones. 

Él, la razón por la cual mi locura se vuelve, por instantes, una placentera cordura.