Anhelo

Miro brillar las estrellas a lo lejos,cargadas de recuerdos de un colorido pasado,

cargado de gente bonita.

¡No puedo evitarlo!
Me preguntan qué será lo que haré ahora,

cuando todo es incierto y se mueve a una velocidad intensa.
“¡No lo sé!”, respondo, “Extraño y anhelo tanto aquellas cordiales y divertidas amistades que se han esfumado

con el pasar del tiempo”.

La gran pregunta es:

¿Qué haré con estos sentimientos ahora que todo lo demás ha desaparecido vertiginosamente?
Sólo me quedan los recuerdos, y las estrellas, y la noche. 

Me queda la nostalgia, y lo bello que habrá de venir. 

Venciendo el materialismo navideño

/home/wpcom/public_html/wp-content/blogs.dir/215/39325788/files/2014/12/img_3884.jpg
Llegué a ver hace algunos meses rodando por la red una imagen que proponía que este año para navidades o reuniones se hicieran regalos que no fueran traídos desde las plazas comerciales con marcas extranjeras, sino que se compraran artesanías hechas en México, para apoyar la economía local y de paso sacudirnos un poco el materialismo con el que se suelen manejar estas fiestas.
Este año el intercambio que llevamos a cabo en mi familia con motivo de Navidad, tuvo tintes diferentes debido a esta idea. Se propuso y les pareció interesante pues representaría un cambio radical en la tradición: el regalo no consistiría solamente en la artesanía, sino que habría un límite de precio para que no se gastara, y que el regalo debía de ser acompañado con un recuerdo que se hubiera tenido con esa persona.
Toda la familia participó animada, y aunque para algunos resultó un poco complicado pensar en la anécdota que debían contar a la hora de entregar el regalo, propusieron ideas para seguir forjando recuerdos juntos, para seguir unidos.

Me sentí una vencedora la noche del 24 de diciembre.

Vencimos el materialismo, y, personalmente, sentí a mi familia más unida que nunca: las carcajadas por muchas de las anécdotas, las curiosidades de los objetos que se regalaron, la ola de historias que ni siquiera yo sabía, y lo genial que es darme cuenta de lo cercanos que somos.
Altibajos, como todos y como siempre (porque somos humanos, al fin y al cabo) pero apoyándonos hasta el final como he visto en muy pocas ocasiones.
Concluyo este post con una confesión doble:
1.- La anécdota que habló sobre mi me llenó los ojos de lágrimas porque me di cuenta en lo mucho que puedo llegar a lograr con una actitud alegre. Nunca sabes a quien le puedes estar haciendo el día (y sacudirle la tristeza) sólo con una risa.
2.- Apuesto mi vida y mi existencia entera a que me he vuelto una persona incondicional para los que amo, gracias a estas fuertes raíces con las que fui criada. Me siento orgullosa por eso, feliz con la vida y agradecida con mi familia porque gracias a ellos, yo soy como soy.

¡Gracias!

/home/wpcom/public_html/wp-content/blogs.dir/215/39325788/files/2014/12/img_3885.jpg

No te aBurras. ¡Lee!

Cuando era niña, mamá compró para mi hermana y para mi unos pósters en una feria de libro infantil y juvenil que se sigue haciendo en el Centro Nacional de las Artes. Los hizo la editorial Trillas y me encantaba verlos.
De la observancia diaria de esos carteles que se me hacían tan divertidos además de coloridos (este y el de una ballena que tenía un libro bajo el brazo y que no pude localizar), y de los audiocuentos que mamá siempre me procuró, floreció mi gusto por la lectura. Fueron raíces ideales para el desarrollo de esta hermosa pasión por la cultura y el arte que cargaré hasta el final de mis días.
Apenas que volví a ver la imagen por mera casualidad, me llego a la mente el recuerdo, y corrí de pronto a compartirlo.
Conclusión: Lean. Lean y transmitan esa pasión a todos los que puedan, sean niños o adultos. Porque sólo así se exploran miles de mundos, y descubrimos las bases y guías de la humanidad que tenemos dentro y que a veces los sistemas quieren extinguir.
¡Nunca dejen de leer!

20140726-122714-44834220.jpg

La parsimonia

Mamá desde chica me dice a veces tortuga porque hago las cosas lento. Siempre de aquí para allá y dando mil vueltas antes de concretar algo definitivamente. Limpieza, orden, tareas, escuela, paseos, siempre es el mismo sistema en mi cabeza.

Hoy me acordé de eso cuando me topé con esta imagen y descubrí que mi naturaleza, como lo dice la imagen, suele ser parsimoniosa y suelo tomarme mi tiempo para hacerlo todo. Eso sí, ser lenta no quiere decir que sea impuntual, pues ahí entra la interacción con otras personas a las que no me gusta dejar esperando. Por lo tanto, sólo que me levanto un poco más temprano para ir a mi propio ritmo y nunca de los nuncas olvidar nada.

Sólo un dato curioso sobre mi.

fuente de la imagen: http://algarabia.com/palabrotas/parsimonia/

Sobre la suerte

Los Misterios de Moville es una serie de televisión de origen canadiense que fue transmitida en México hace unos doce años aproximadamente. Lo solía ver cuando era niña y siempre me encantó por la cantidad de aventuras del entorno paranormal que la caricatura maneja. Podría confirmar que tal vez  esos fueron los inicios de mi […]

Dos 14’s peculiares de mi vida (Segunda parte)

2013

Resuelta a no volver a caer en las circunstancias del 14 de febrero del año pasado, y con la soltería ondeando en mi vida en aquel entonces, me decidí a hacer algo… un tanto diferente.
Tenía un grupo de amigas en la universidad. Aún veo a algunas pero con mucha menos frecuencia. Todas estábamos solteras en ese momento y queríamos hacer una especie de colecta. A falta de dinero, y para reunirlo rápidamente, nos decidimos a hacer algo que yo nunca en mi vida había hecho: organizamos una venta de besos.
Realmente, por mi naturaleza tímida de antaño, no creí ser capaz de besar a cambio de dinero, pero como me encontraba tan confundida con respecto al amor y a lo que me había sucedido con aquella persona, que me pareció divertido ver de una forma más dinámica y útil, el manejo de mis besos y sacudirles por una sola vez el sentimiento que usualmente tienen.

Una de mis amigas (la que mejor habilidad tiene para negociar) se encargó de vender los besos de todas.

En un principio creí que no habría interés de parte de nadie por jugar a eso, y por ello sentí que fue realmente curioso cómo algunos compañeros mostraron mucho interés en adquirir un pequeño favor de nuestros labios. Personas que yo no creía posible, me buscaban preguntando precios y posibilidades, y negociando con la habilidosa “matrona”.

Al final hubo una persona que compró todos mis besos.
Un viejo amigo que me llevó a comer y me dio una florecilla. Pudimos disfrutar de horas de charla y al final sólo tuve que darle un beso. Había pagado por muchos pero sólo por el gusto de ayudarnos a juntar, no porque realmente deseara “aprovechar el negocio”. Eso fue muy considerado de su parte y aún ahora se lo agradezco.
Me llevó a mi casa y todo fue bien. Realmente no esperé que surgiera una experiencia tan curiosa de algo tan alebrestado. A decir verdad me divertí, y sumé una novedad a la lista de experiencias de mi vida.

Tan contrastante con el anterior, y a la vez tan nuevo. Fue una forma de darme cuenta de que, como dice el dicho, “el mundo es mucho más grande que un pañuelo”, y hay muchas cosas que valen la pena y que no involucran dolor en el corazón.

A esas experiencias, precisamente, son a las que decidí seguir desde ese entonces, y hasta hoy en día esa decisión me ha dado muy buenos resultados.

¿Cómo han sido sus días 14 de febrero? ¿Ha habido alguno que se les haya hecho peculiar?

Dos 14’s peculiares de mi vida (Primera parte)

Ahora que viene el día del amor y la amistad me he puesto a pensar en mis recuerdos al respecto, y siento que es hora…

Voy a abrir mi pequeño baúl de confesiones como no lo había hecho en un rato, y voy a tratar de relatarles mis dos últimos San Valentín, que fueron tan contrastantes entre ellos (y con el que viene este año) que vale la pena hablar al respecto.

2012

Tuve un novio tiempo antes de esa fecha, pero nuestra relación había descendido a un punto en el que no sabía si seguiríamos más adelante. Las cosas no iban nada bien, estábamos en “puntos suspensivos”. Con decir que ese día él no tenía planeada ninguna intención de verme, creo que digo lo suficiente.

Ese día yo me puse un vestido azul para ir a la escuela (no suelo usar vestidos) y me lancé a la calle, luciendo lo más arreglada que el tiempo en la mañana me dio. Tenía clases en la universidad (una o dos en realidad) y todos planeaban hacer algo con sus parejas o grupos de amigos. Cuando llegué a la universidad muchos de mis amigos me dijeron que me veía realmente bonita, y, obviamente, surgió la pregunta que me hacía desviar la mirada al suelo a ratos…¿a qué hora vas a verlo? He de haber incomodado a algunos con mi dudosa respuesta inicial, pero después levantaba la mirada, y sonreía, y decía: “Hoy no lo voy a ver. Quien sabe, anda ocupado.”

Seguido de esto, pasé la tarde con amigas y amigos, celebrando a la amistad más que al amor. Sin embargo, la situación se repitió a lo largo del día al menos unas cuatro o cinco veces, de personas diferentes, y apliqué la mísma metódica respuesta.

Cuando me desprendí el vestido esa noche en mi habitación, me pregunté una y otra vez mi modo de actuar tan extrañamente tranquilo a pesar de que las cosas estaban tan mal en mi relación. ¿Por qué me había arreglado tanto si no “iba a verlo”?

Fue entonces que vino a mi, como un rayo repentino de energía en el cuerpo la respuesta: después de haberme bañado esa mañana me dije frente al espejo, toda cubierta de gotas de agua y temblando por el frío:

“Hoy te arreglas para ti, y no para nadie más.

Si no quiere estar aquí contigo, es problema de él, y no tuyo.”

Y así fue. Una historia que representó, a mi parecer, la primera de una serie de victorias personales al respecto de ese hombre en específico.

Continuará…y en lo que continúa, me gustaría que me contaran: ¿Recuerdan un 14 de febrero en particular? ¿Por qué?