El último apaga la luz. La distribución de ejemplares 

Luego de que el editor de “La Sangre de Las Musas” entregó a cada autor los ejemplares correspondientes para que cada uno los distribuyera, me encaminé decidida a la posterior venta de los mismos. 

Es la primera vez que experimento esta sensación de calma y emoción continua, en la que voy a entregar en las manos las personas (directa, o indirectamente) una pizca de mí, del trabajo que realicé dentro de esta antología. Definitivamente ver que la gente tiene un interés por tu labor y les agrada, es invaluable. 

La sensación me agradó. Mucho. Tanto que estoy repleta de un renovado entusiasmo por hacer esto el resto de mi vida. En resumen: quiero ser escritora. Ahora que lo pienso, es curioso que lo siga viendo como si estuviera fuera de la situación cuando en realidad estoy mucho más que involucrada. 

Nado, lentamente, en pos de ese sueño que siempre anhelé. 

Gracias a todos los que están apoyándome en este momento que considero tan especial. Y pues… ¡A seguir escribiendo!

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Lean lo que les de la gana leer, pero lean. 

Sea Shakespeare o no. Sea Stephen King o no. 

Sólo lean. 

Lean y disfruten de un buen rato soñando en otro lugar, en otro mundo, en otra historia diferente a la que tienen en su vida.

Lean. Lean mucho y sean felices experimentando otros panoramas.

Lean y encuentren cada día, un poco más de sentido a nuestra existencia.

Lean. Sólo lean, y déjense llevar por la imaginación.

   

 

La sorpresa de la capitular robada

Era un día cualquiera en la Biblioteca.

M y yo catalogábamos ejemplares de todos tamaños y formas, cuando nos topamos con un hueco finamente cortado en la página que iniciaba el tratado que estábamos inspeccionando: una ventana a través de la página, la muestra de un discreto hurto.

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M, que tiene experiencia en el manejo del material, me dijo que no es raro hallar este tipo de mutilaciones en los libros cuando eran muy bellas, y verdaderamente artísticas.

Seguimos hojeando el libro hasta que hallamos una capitular que no había sido arrancada, y comprendí por qué había sido arrancada la primera.

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Pasa más de lo que quisiéramos. Suele pasar que, de repente, notamos vestigios de una hoja que fue arrancada , y al cotejarla con otra edición resulta que era un grabado grande, detallado, y hermoso.

Y es que son libros que han pasado por tantas manos… que esas mutilaciones además de las tachaduras o notas o sellos, se van volviendo parte de la historia del libro, que te cuenta mediante esas pistas por dónde ha estado, y ante qué tipo de gente ha tenido contacto. Algunos han tenido suerte y se conservan perfectamente, otros han pasado por tiempos difíciles y conservan solamente algunos fragmentos de sí mismos.

¿Te comerías a tu gato?

Comparto este lunes una receta que, a propósito de los días que pasaron, se me figura un tanto brujeril. Y es que comer gato no es algo normal, al menos en Occidente y en esta época. Sobre todo con tantas leyes que han estado surgiendo sobre protección animal y rescate ante criaturas que han sufrido maltrato, es bastante raro y curioso hojear libros antiguos y toparse con este tipo de cosas. Pero hubo una época en la que era completamente normal e incluso los cocineros de la realeza lo preparaban. Ejemplo de ello es este libro, escrito por Roberto (o Ruberto) de Nola, cocinero del rey de Nápoles.
El libro se encuentra en la BNAH.
Lo comparto para que me den su opinión.

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Hojas dentro de hojas

M y yo hicimos un pequeño descubrimiento el día de ayer.
Hojeaba ella un libro para ver si no tenía alguna nota adicional que hiciera falta catalogar, y encontró una hoja llena, literalmente, de hojas.
Usualmente encontramos pequeños papelitos anotados, o rotos que eran usados como separadores de hoja (llamados también testigos) que solemos almacenar envueltos en pequeñas micas para preservarlos. Pero…¿hojas de árbol solamente entre una página y otra? Fue completamente nuevo para mi, y, por supuesto, me llené de asombro.
Traté de interrogar al libro, y me dijo que ediciones tan antiguas solo pueden tener cosas como estas desde hace por lo menos 100 años.
Hojas de 100 años dentro de hojas impresas hace 300 años. Hojas muy bien conservadas.

Es bonito hallar esta clase de pequeños tesoros por ahí, esperando a ser encontrados. ¿Qué habremos de hallar más adelante?

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Órden y desorden

Esta semana nos pidieron en la Biblioteca a M y a mí que acomodáramos una repisa del hermoso fondo antiguo al gusto de un fotógrafo que vendría a hacer unas tomas para un libro conmemorativo que se hará por el 75 aniversario del INAH.
Para esto, preparamos una repisa con muchos de nuestros más bellos ejemplares y temáticas para que salieran en una fotografía que, según nos dijeron, abarcará la página completa de dicho libro y, por su monumental tamaño, se verían hasta los detalles de los títulos.
Fue divertido reunir algunos de los muchos bellos libros que tenemos y ponerlos todos juntos.
Con la labor completada, nos tocó retornarlos a sus respectivos hogares. Fue mas tardado de lo que creí, porque descubrimos que los libros no estaban tan ordenados como creíamos, pero eso nos permitió explorarlos un poquito más. Hojearlos, poner en orden las fichas bibliográficas que tienen dentro para una localización más rápida y fascinarnos fugazmente con sus ex libris, o con sus marcas de fuego.
Aún no me familiarizo al 100% con esta cueva cargada de saber, pero me basta con estar consciente de que aprendo nuevas y diversas cosas cada día. Siento muy dentro de mi una pequeña satisfacción que arde como una flama. Poco a poquito, a veces impulsada por el viento hasta lograr grandes incendios. Se apodera de mi una gran sensación dulce, de seducción por saber más.

Llámenme Insaciable, porque es la verdad. Lo soy, y me enorgullece serlo.

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Gozar con los cinco sentidos

Encontré esta bella cita en un divertido libro de nombre “Chucho el ninfo” escrito en Barcelona por un hombre que se autodenominaba Facundo, allá por el año de 1871. Niños de 1909 lo usaban como lectura escolar, por su estilo ligero y divertido.

Leyendo este ejemplar dentro de el tiempo libre que surge, me encontré con este mensaje peculiar que habla del goce con los cinco sentidos, y me dejó con esa pregunta: ¿qué tanto gozamos con los cinco sentidos hoy en día?
¿Qué cosas hacemos hoy en día para percibir y alcanzar el deleite de los cinco sentidos?
Lo dejo para su reflexión.

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