El esfuerzo en favor de la adopción.  El proyecto de “La tienda de los gatos”

En la Ciudad de México existe un local dedicado enteramente a los gatos. Muchos felinos son abandonados y esta tienda es una de las encargadas de dar promoción para el cuidado y mantenimiento de muchos de ellos y así ayudarles a encontrar un hogar. 
El domingo pasado fui a ver cómo era este lugar. Me pareció hermoso y lleno de curiosidades. Un lugar armado para todo amante de los gatos.

¡Puedes encontrar de todo! Desde juguetes, jabones, cajas o comida para tus gatos, como accesorios y ropa para que puedas vestir tú. Muchas personas elaboran aretes o curiosidades con esta temática y las donan a la tienda, para que con las ganancias pueda seguir manteniendo a los felinos que dependen de ella. 

Además, hay gatitos dentro de la tienda a los que puedes conocer, y darles hogar si cumples con los requisitos. Y, si no tienes espacio en casa, puedes contribuir comprando alguno de sus productos o dando difusión al portal a tus conocidos para que más gente esté consciente de estos proyectos que buscan dar cabida y dignidad a estos pequeños. A fin de cuentas y como he dicho alguna vez en otro de mis posts sobre gatos, una vida es una vida, y como tal es merecedora de cuidados, comida, y un hogar lleno de amor. 

¿Interesados? Aquí les dejo el enlace de la página de facebook con la dirección y muchas fotografías más: La Tienda de los Gatos 

En la cima

Una muestra de los productos
Momento de juego

La siesta

Fraternizando con una pequeñita

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Adopción imprevista

Anoche, cuando llegaba a casa, una prima pequeña que tengo me dijo que había encontrado un gato blanco debajo de las escaleras del patio.
Curiosa, me acerqué siguiendo el suave maullido que se escuchaba de manera intermitente. Tuve que quitar algunas láminas de los tiempos de herrero de mi abuelo, y ahí estaba, metido en una repisa y maullando sin parar. Me miraba, asustado, pero no se movía de donde estaba.
Como tengo otra gatita, tengo croquetas que le ofrecí a este visitante y que comió con avidez. Pero, al salir de su escondite, vi que cojeaba y que por esa razón no había podido moverse del rincón en el que lo habíamos encontrado.

Lo guardamos en una cajita y lo llevamos al veterinario para saber qué tenía, y la noticia sólo dejó más triste mi espíritu: cojea porque tiene la cadera fracturada.
En este momento duerme. Le han dado analgésicos y se ha acomodado en el sillón de casa.
Es un animal dulce y cariñoso que no me rasguñó aún cuando estaba adolorido, hambriento, nervioso y lleno de temor.
Tal vez tenga dueño, pero lo cuidaré mientras sana. Su llegada a mi resultó de una forma totalmente inesperada, pero no por eso debe ser hecha a un lado. Criaturas así merecen ser cuidadas y valoradas por el simple hecho de existir.

Después de todo, una vida es una vida 🙂

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