Escribo…

Escribo cuando te deseo aquí y no te tengo.
Cuando te añoro.
Cuando tengo ganas de profesarte una palabra,
un afecto que se me figura infinito dentro del arcón
de este profundo sentimiento.
Incluso cuando creo odiarte,
cuando creo que lo mejor es alejamiento
y olvido,
yo te escribo, en afán de siempre recordarte.

2015/01/img_3878.jpg

Mi perdición en su piel

Repetidamente he escrito sobre L’Agemé, aquel ser que aparece ante mi de repente, inundando mi mente con su personalidad relajada, invitándome a confiar.
Tenía un muy buen rato que no lo veía, que nuestros pasos no habían coincidido porque su andar es muy libre y flotante por el mundo y el mío es terrenal, enraizado y parsimonioso. En cuanto lo vi, le di un fuerte abrazo y hablamos de nuestras últimas aventuras.
Tardé un par de horas en decirle que lo extrañaba, que me ha sido más difícil seguir su vuelo con la mirada. Lo sabía y me dice de vuelta que las circunstancias no se lo habían permitido, además de que había estado ocupándose de ir a que le terminaran de hacer unos cuantos tatuajes.
Inmediatamente me dio curiosidad y le pregunté por ellos. Confiado como es, se quitó sin miramiento la camiseta gris oscuro que traía y me mostró un bello trabajo que la artista había volcado sobre su piel.

– ¡Impresionante! ¡Que buen diseño!- Tenía un laberinto de espinas en la cadera, y corría por todo su abdomen,donde no podía ver el desenlace.

– ¿Te gusta?- preguntó, sin dejar de mirarme con entusiasmo, como si realmente hubiera estado esperando mi opinión.

– Me fascina. ¿Hay más que eso?

– Sí. Pero no están en zona visible. Aún así ¿quieres verlo?

No respondí. De repente, sentí la necesidad de besar esos tatuajes. Me invadió una sed  voraz por recorrer cada una de las líneas que los formaban y de besar los ojos de las criaturas. Quería besar ese brillo vivo que ahora viajaba con él en innumerables pares. Quería besar sus labios y derramar mi saliva deseosa en aquellos fragmentos de carne pintada. En aquella piel que a simple vista consideraba deliciosa.

Hubo un momento, en aquel éxtasis visual e imaginario, en el que sentí que la tinta también correría hacia mi cuerpo si lo acercaba adecuada y apasionadamente al suyo. Sin pensarlo más, le di un ligero empujón para que se sentara en mi sofá, me despojé de mi ropaje, y me lancé a la caza de la tinta de sus tatuajes. A la búsqueda de aquellos caminos curiosos que siempre permanecen, y que siempre se mantienen misteriosos cuando se trata de L’Agemé.

Él, siempre la razón de que se zafen de mi todas y cada una de mis razones. 

Él, la razón por la cual mi locura se vuelve, por instantes, una placentera cordura.

Mensaje de deseo transgresor

No tengo mucho tiempo últimamente, L’agemé, pero aún así te dejo esta breve carta a la orilla de tu lugar preferido. Así podrás leerla cuando gustes y podré arrancarte, aún en la distancia, una de esas arrebatadoras sonrisas:

Más que nada siento que seré 

feliz mientras seamos sin ser,

mientras nos tengamos sin

tenernos, mientras estemos uno

junto al otro de esta forma:

intangible, irreverente, y

tremendamente ilícita.

Tuya,

Luthiérzebeth  

Madame Metáfora

El sueño sigue pegado a mi piel y me siento tremendamente inundada de emociones.

La noche se torna borrosa. 

Tu mano, un poco más.

Recuerdo que tomé tu mano. Recuerdo que la entrelazaste con la tuya y que nos mirábamos.

En completo silencio. En completo sigilo.

Recuerdo que tenía ganas de arrastrarte conmigo y besarte una y cien veces más allá de la primera noche.

Recuerdo que me mirabas mientras sonreías, y eso lo volvía todo mucho más fantasioso, con una nota sutil de regocijo creciente.

¿Por qué seré tan metafórica?

Sencillo. Cuando estoy cerca de ti, todo, absolutamente todo, se vuelve metáfora. 

Todo. Incluso yo. 

Imagen

Lates

¿Por qué me lates tan profundamente?
Te siento aquí, con suspiros acompasados al ritmo de esta lluvia de mayo.
Te exhalo como si estuvieras aquí adentro, cantándome canciones y reconfortando mi alma.

¿Estaremos juntos alguna vez?
El miedo y la dicha se debaten por adueñarse del mismo delicioso trofeo: mi decisión, mi camino.

20140505-004506.jpgLeer más »

A los cuatro vientos

¡Quisiera gritarlo a los cuatro vientos!

¡Quisiera que todo el mundo supiera lo nuestro!

Quisiera eso y mil emociones más entrelazadas contigo.

Pero, amor mío, debo contenerme.

Sé que no debo ser explícita.

Sé que no debería sentir esto.

Y sin embargo, lo siento. 

Como un fantasma seré.

Aturdiré tus sentidos hasta

que ya no puedas más.

Te inflamaré de pasión;

te llenaré de misterio.

Prometo hacerte feliz. 

Prometo regalarte sonrisas

todos los días.

Te haré llorar de Alegría. 

Te llenaré de Plenitud.

Es una emoción tan fuerte 

que corroe cualquier contenedor,

y parece querer fluir 

a toda velocidad,

 a través de mis labios

y  de estos cuatro vientos

ahora presentes,

ahora testigos y mensajeros

de mis cálidas palabras.

Imagen

Ven…

Ven acá, ven acá,

que quiero volver a mirar tus ojos.

Ven, que quiero clavar los míos en tu sonrisa.

Ven, que tengo ganas de tu voz, para probar un poco de tu libertad infinita.

Ven acá, adonde estoy. A mi lado.

Ven que te espero, acá donde nadie escucha. A este secreto lugar, donde sólo las sombras son testigas de nuestro contacto.

Imagen