Alevosía infausta

Ahí van otra vez.

El niño, un primogénito, dedicándose a empujar, jalar, evidentemente con el afán de causar molestias.

La hermanita, varios años menor, lloriqueando, suplicando que la deje en paz, una y otra vez.

¿Cuántas veces he visto, y escuchado esto mismo en los últimos tiempos?

¿Cuántas, en la misma pareja de hermanos?

Incontables.

No sé de dónde viene ese comportamiento. Tal vez la escuela (lo más obvio), y el primogénito vuelve a casa con necesidad de desquitarse con alguien menor en vida y experiencia.

Los “por qués” y los “por favor” quedan de lado cuando hay tantas lágrimas desesperadas a la vista, de manera tan latente, tan intensa, y que él sea capaz de percibir lo que causa y lo único que le cause sea una sonrisa satisfecha.

Me dieron ganas de llorar en silencio, de coraje. En lugar de eso, actué.

Espero que haya servido de algo…

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