El último apaga la luz. La distribución de ejemplares 

Luego de que el editor de “La Sangre de Las Musas” entregó a cada autor los ejemplares correspondientes para que cada uno los distribuyera, me encaminé decidida a la posterior venta de los mismos. 

Es la primera vez que experimento esta sensación de calma y emoción continua, en la que voy a entregar en las manos las personas (directa, o indirectamente) una pizca de mí, del trabajo que realicé dentro de esta antología. Definitivamente ver que la gente tiene un interés por tu labor y les agrada, es invaluable. 

La sensación me agradó. Mucho. Tanto que estoy repleta de un renovado entusiasmo por hacer esto el resto de mi vida. En resumen: quiero ser escritora. Ahora que lo pienso, es curioso que lo siga viendo como si estuviera fuera de la situación cuando en realidad estoy mucho más que involucrada. 

Nado, lentamente, en pos de ese sueño que siempre anhelé. 

Gracias a todos los que están apoyándome en este momento que considero tan especial. Y pues… ¡A seguir escribiendo!

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El último apaga la luz. La presentación del libro

14 de abril. 9pm. Nos hemos reunido para ver la presentación del libro “El último apaga la luz“, una antología narrativa para la que se concentraron más de 10 autores, bajo las temáticas de erotismo y terror.

El UTA nos recibe con un cálido ambiente gótico, su stand de libros independientes, y su gente entusiasta y amable.

Una mesa al frente, ataviada con un mantel rojo y tres sillas, adornan el lugar en donde nos habremos de sentar por turnos para hablar de nuestras historias.

Al llegar, de inmediato comenzamos a ordenar un par de cervezas y comenzar a romper el hielo.

Después de un rato, comenzó el discurso inaugural de Carlos Camaleón, editor y organizador de la publicación, nos abrió paso y nos agradeció por la paciencia. Habló de la liberación del denominado “libro maldito“, debido a la cantidad de complicaciones que surgieron en torno a él. A veces era el impresor, a veces los intentos fallidos de recuperación de información, y la última del día era que el encuadernador no había completado el trabajo a tiempo. 

Pero eso no nos detuvo. Estábamos ahí, firmes y listos para recibir al libro con entusiasmo.

Prosiguió explicando la razón por la cual el libro se llama así: es un homenaje apara el centro Cultural Woody Allen, que cerró sus puertas. Y la antología representa esa mirada que se da atrás antes de apagar las luces, cerrar todo y entregar las llaves, con la esperanza de poder recuperar el espacio tal vez en un futuro.

Poco a poco, fuimos pasando al frente para agradecer el apoyo. Cada uno, muy a su manera, fue agradeciendo a Carlos por que se haya logrado esta publicación, y explicando de manera muy breve el contenido de la historia con la que cada uno contribuyó a la antología.

Terminando las formalidades, procedimos al acostumbrado brindis con chelas y buena charla. Durante la convivencia tuve la oportunidad de conocer a dos de los autores con los que comparto espacio dentro de la antología. Ambos gente interesante y divertida que me trataron muy bien, y con los cuales me sentí cómoda y cálida entre risas y brindis.

Es agradable eso de conocer gente nueva. Hay muchos caminos e historias con las que te puedes encontrar a cada segundo y que te hacen crecer cada día un poquito más.

Siento que mis pasos son más grandes. Un poquito más hacia arriba y con el mayor entusiasmo.

   
 

El último apaga la luz. Anuncio

Hola, amigos lectores.

Es un gusto para mí anunciar que el próximo jueves 14 de abril estaré en UTA Insurgentes para la presentación del libro “El último apaga la luz“, en el cual colaboré con un relato sobre la muerte.

Me emociona mucho poder acercarme poco a poco a proyectos cada vez más grandes. Eso de que los pasos se agigantan a veces me da un poco de miedo o quién sabe qué sea lo que me invade. A lo mejor una emoción que no he sido capaz de contener. ¡Qué genial! 

A la vez esto me motiva para seguir creando y compartiendo historias. Agradezco desde hoy (y desde siempre) a todos aquellos que me leen y me apoyan con sus palabras, compañía y consejos. La gente luminosa no abunda, y me alegra contar con la amistad de varios.

Debo irme por ahora, pero lo reitero: ¡Gracias!