Epilepsia, o de cuando te sostienen las estrellas

El sábado 14 de noviembre vino de nuevo. Eran las 8 de la mañana, y entró en mí cuando salía de la regadera, aprovechando mi debilidad por desvelada o algún otro factor. Sin permiso, como ha sido siempre.

Una crisis epiléptica no es sencilla de describir desde adentro, desde la persona que la vive y la transpira, no. Una crisis ha sido completamente descriptible sólo cuando la ve un médico desde afuera, o las personas que se preocupan, te cuidan y procuran hasta  que tengas la fuerza de levantarte otra vez.

Sin embargo, una crisis desde adentro es otra cosa muy diferente a las descripciones que cualquiera pueda hacer desde afuera. Vivir una crisis es percibirse ligero, es como si fueras llevado por algo intangible, como si flotaras. Es sentir que te sostiene algo más allá del entendimiento,  algo invisible dentro de una negrura absoluta y silenciosa.

Me gusta creer que es una especie de contacto con la nada, algo casi sobrenatural, algo idílico, casi sagrado. Nunca me ha parecido algo que me haga lamentarme, aunque sea una situación que por el simple hecho de existir limita muchas de las acciones que me gustaría hacer de vez en cuando, siendo todavía joven y con ganas de devorar el mundo.

Tal vez habrá cosas que me perderé, pero no me pesa. Yo sólo sé que cuando paso por ello, estoy un poco más cerca de tocar el firmamento, y con ello me doy por bien servida.

Lo tedioso en ocasiones es lidiar con el dolor que viene al despertar de aquellos contactos, cuando los moretones y los mareos y lo terrenal vuelve. Pero no importa. La vida es volverse a levantar, recuperarse, y ver el lado brillante de las cosas. El mío: la epilepsia me inspira a escribir, y con eso tengo para más de una vida. 

Para terminar, viene a mí una frase de Vincent Van Gogh: “No soy un aventurero por elección, sino por el destino”.

¡Cuanta razón tenía!

 
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Frase al lector

  Me hallo demasiadas veces descubriendo frases aquí y allá de diferentes autores. A veces son frases que hablan sobre la escritura o la lectura, y a veces frases que tienen que ver más con perspectivas de vida.

En esta ocasión les comparto una de Octavio Paz, esperando inspirar a los lectores, y a los aspirantes a lectores que haya por ahí. 

  

Megaofrenda Unam 2015

El viernes 30 de octubre a las 3:30 aprox, me formé para entrar a la mega ofrenda de la UNAM, que este año se llevó a cabo en el Estadio Olímpico Universitario. La fila avanzó rápido y pudimos entrar con fluidez, a pesar de que aún a temprana hora se veía bastante gente. 

Este año las ofrendas fueron en su mayoría dedicadas a José María Morelos y Pavón, y hubo un despliegue artístico muy interesante. Por todos lados veía cosas que tardaron horas en ser elaboradas y montadas. 

  
   
Octubre y noviembre son mis meses favoritos del año por toda esa carga que tienen, casi mágica. El aroma de flores, pan de muerto y chocolate caliente;  el detalle y color de las decoraciones de cada una de las representaciones artísticas destinadas a celebrar a la muerte. 

   
   
Es hermoso contemplar estos trabajos. Es del tipo de cosas que me fascinan porque cada escuela, facultad o institución participante encuentran la manera de materializar ese culto, esa belleza que representa honrar a nuestros muertos.

Si he de elegir alguna que haya sido “mi favorita” me atengo a lo más tradicional: 


Esta ofrenda fue puesta por los estudiantes becados que provienen de comunidades indígenas. Tuve oportunidad de platicar con uno de ellos ese día porque escuchó mis comentarios al respecto de su ofrenda y se acercó. Me explicó que él venía de la zona de la mixteca baja, en el estado de Oaxaca, y que puso en la ofrenda cosas que eran tradicionales de los altares de muertos en su tierra. Sus compañeros hicieron lo mismo, y dio como resultado una ofrenda riquísima, con el arco de flores y llena de mandarinas, piloncillo, tlayudas, sombreros de paja, mezcal, además de un sinfín de otras delicias con las cuales, seguramente, los  muertos se han de haber dado un buen banquete.

 
Espero que el siguiente año pueda ser partícipe de más eventos de flores, banquetes y catrinas. Son magníficos e incomparables los de un año con los del anterior o el siguiente. 

Bien se dice que en México nos reímos y celebramos a la muerte. Pero, a la vez, se le rinde un culto devotísimo en honor de todos aquellos que ya no están. Es una de las tradiciones que más venero: el gozo de dar un saludo a los que nos visitan del otro mundo una vez por año.