Cambio de camino

Pronto he de alejarme de este lugar,

en el que disfruté sobremanera trabajar.

Esta hermosa biblioteca me dice adiós por adelantado,

aunque haya que marcharme hasta que agosto también se vaya.

Llevo más de una semana en completa nostalgia:

mirando los pasillos, acariciando los libros,

preguntándome qué estaré perdiéndome

cuando mi persona y tiempo estén allá afuera;

cuando ya no pueda llamar “refugio” a este lugar.

Es extraño sentir esto, y no lo deseo,

pero no hay alternativa (al menos, por el momento).

Una alergia se ha colado a mis pulmones,

el polvo de mis amigos libros se ha filtrado hasta mí,

y debo tomar distancia para volver a estar bien.

¿Puede la vida ser más injusta?

Y vaya que hace tiempo que he desarrollado una respuesta: Claro que sí.

Es hora de volver a ir en la busca de un nuevo lugar, un horizonte distinto al que me acostumbré todo este año.
Trabajar aquí fue grato y hermoso, pero ahora mi cuerpo me pide migrar. Me lo exige, como si llevara demasiado tiempo aquí, como si no quisiera que permanezca más de lo calculado.

Pensaba en todas estas cosas cuando me topé con esta imagen, y me brindó una pizca de consuelo. A lo mejor este era mi lugar el momento en el que lo tuve, y ahora debo ir a otro a crear o a mejorar o a ayudar a otras personas que aún no conozco.

¿Se le puede llamar a esto “azares del destino”?

“Cuando naciste en un mundo en el que no encajas, es porque has nacido para crear uno nuevo.” Imagen encontrada en la red.
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