No pasa nada

Para todos aquellos que sentimos de repente que todo pasa a nuestro alrededor, aunque a la vez, no esté pasando nada…

ESTUDIO DE UN DIARIO

De repente, el mundo se ha vuelto frío y olvido, y silencio. 
Y no pasa nada. 
Vuelvo a estas calles de blanco buscando refugio
porque me bullen las palabras. 
Pero no pasa nada. 

Escribo líneas que casi son súplicas, 
pero no pasa nada. 
Líneas que son casi lágrimas; 
no pasa nada.

Nadie lo ve, nadie lo siente; 
no pasa nada. 
Todo es quietud, gritos en mi mente
porque no pasa nada.

¿Cuándo se irán estos días
de no pasar nada?
¿Cuándo volverá la poesía, 
la risa, la normalidad anhelada?
Pero no pasa nada. 

Me siento solo, pero es una ficción; 
no pasa nada. 
Es el mundo, es la ilusión 
porque no pasa nada. 

Es no dejarse llevar
por el silencio y la vida; 
no pasa nada. 
Es ver y pensar
en demasía
aunque no pase nada.

Pero estas palabras
me consuelan el silencio; 
ahí donde no pasa nada
tengo…

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HOMENAJE A HEMINGWAY

lilylahijadelencargado

Ernest Hemingway fue un escritor y periodista estadounidense, y uno de los principales novelistas y cuentistas del siglo xx

Uno de los relatos mas conocidos es el de “Los Asesinos”

Este texto es en homenaje al gran escritor y a ese relato, ¿Invención o  realidad?.

¨Lo cuento como sucedió


Esa tarde habíamos ido a tomar unas cervezas. En el bar había únicamente una persona, estaba sentada en un rincón y sobre la mesa tenía una botella de vino a medio terminar. Tom, mi amigo, un lector infatigable y gran conversador, aficionado al boxeo, mencionó a Faulkner y a Steinbeck. Yo le hablé de Hemingway y su relato “Los asesinos”.

– El mejor – dije.

Al escucharlo, el hombre de la botella cuya mitad debía estar dentro de su enorme barrigota, se acercó tambaleándose.

– ¡Pero si es Andreson!, ¡Ole Andreson! – exclamó Tom al verle.

– ¡Shhhhiiiiiii! ¡Callaros! ¡Qué sabréis vosotros!

–…

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Inocente

Hoy me pasó algo muy peculiar que quisiera compartirles.

Venía de regreso del trabajo, como todos los días, y tuve oportunidad de sentarme en el metrobús y leer un poco mientras que la lluvia comenzaba a caer con suavidad sobre los cristales. La mujer que estaba sentada junto a mi se fue, y su lugar fue ocupado por una niña de unos 14 años que iba acompañada de quien parecía ser su madre. La señora se sentó frente a nosotras pero no dejaba de ver a la niña y de contarle cosas sobre el día y el cielo y la lluvia, como si le hablara a una niña muy pequeña. Ella reía y miraba hacia donde su madre señalaba, y se maravillaba con todas las cosas que le decía. Me pareció bastante peculiar la escena, y fue hasta entonces que noté que la niña a lo mejor tenía algún tipo de problema que había impedido que su desarrollo fuera de acuerdo a su edad. Pensaba un poco en ello cuando la niña me volteó a ver con curiosidad, observándome mientras ponía el separador en la página donde había detenido mi lectura. En un principio no hice caso a las miradas porque uno suele toparse con ellas en todos lados, sobre todo en los traslados a casa. Estoy acostumbrada a ello porque la gente suele nadar en sus pensamientos mientras critica o curiosea a las personas que tiene alrededor (además de que, si son miradas muy fijas y vienen de cierto tipo de hombres, no suelen ser agradables).

Pasaron un par de estaciones y volví a sentir que me miraba. 

Un minuto después, volvió a hacerlo. 

Hubo un momento en el que ya no resistí tantas miradas consecutivas y levanté mis ojos para toparlos con los de ella. Me quedé maravillada con lo que vi: Sus ojos marrones llevaban dentro de sí una inocencia tal, que me embargaron de fascinación. Eran tan infinitos y tan bellos por su falta de límites, de realidad y crudeza, que me despejaron la mente y sonreí por instinto. Ella me sonrió de vuelta, tímida y silenciosa, como si hacerme sonreír hubiera sido su intención desde un principio. 

Dicen por ahí que los ojos son la ventana del alma, y hoy lo creo más que nunca. También pienso que a través de los ojos puedes notar un pedacito de la esencia vital de las personas, y que si tuviéramos la intención de mirar más seguido el mundo con ojos curiosos y despejados, tal vez pueda mostrarnos una faceta menos triste de si mismo, y nos guíe hasta sus más grandes tesoros (o, tal vez, a nuestros mayores anhelos).

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