Carta a una amiga

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Querida amiga:

Extiendo a la distancia, mi más sincero saludo para que llegue a ti en forma de un fuerte abrazo. Sé que no han ido del todo bien las cosas. Sé que esta ha sido una etapa difícil para ti, y lo sé muy bien porque cada día se vuelven más claras las evidencias.

Tu corazón pertenece a alguien que no lo valora. Tus sentimientos permanecen en una cuerda floja hasta que los vuelven a tomar en cuenta, tiempo después. Vives en la eterna espera del “algún día cambiará” y del “algún día se dará cuenta de lo que tiene aquí.”

Vives a la sombra de otra mujer porque tu devoción se entrega a un hombre que juega a la intermitencia entre ella y tú. Abres el corazón y las piernas, al principio como un juego, como un pasatiempo. A veces, creyendo que compites con alguien más por un premio, a veces, sólo porque te sientes sola, y la atención que él te da satisface de alguna forma esa enorme sed que tienes de amor, de amar, y de llenar el vacío con el deseo ferviente de ser querida.

En un principio no te importó, pero ahora no soportas que te importe y le ruegas al susodicho patán que no te deje, que se quede contigo, que lo amas y que su lugar es a tu lado.

Pero él vacila. La duda lo inunda. Y si no te lo demuestra de forma responsable y honesta, callará y desviará la mirada, corroído tal vez por la culpa o por el miedo de que, por fin, estés pidiéndole un lugar en su vida. Un lugar que no se desvanezca con el cambio de estación o de temperatura. Un lugar en el que se pueda confiar.

¡Ay, amiga! El sólo ver la situación y leerla a través de tus confidencias me llena de una inmensa tristeza. Yo te pregunto en este momento: ¿Dónde dejaste tu dignidad? ¿La metiste debajo de tu cama para no tener que mirarla, resquebrajándose, cada que te ves al espejo?

¿Dónde dejaste, querida amiga, la autoestima de la cual te sentías tan orgullosa hace tiempo? ¿La has enterrado en algún lugar oscuro en el fondo de tu mente?

Me perturba y exaspera que no sepas dar respuesta a estas interrogantes. Me sorprende que desconozcas dónde has dejado aquello que te hacía sentirte valiosa ante ti misma y ante el mundo. Has llegado a un punto en el que crees que sólo tienes valor cuando un ser humano (de todos los miles de millones que viven y pululan por este planeta) posa sus ojos sobre ti. Y sólo por el instante en el que te proporciona esas ínfimas migajas de su atención, te sientes dichosa. Y te aseguro, amiga, que si no haces nada por ti, para recuperar tu cordura y tu personalidad, llegará el instante en el que decida no volver a mirarte, y eso, a la larga, te destrozará por dentro.

Te prevengo desde ahorita porque te aprecio, te quiero, y porque sé que te mereces algo mucho mejor que eso. Ojalá que lo medites, y llegues a pensar lo mismo algún día.

Con mi mayor sinceridad y cariño,

Luthiérzebeth

Fuente de la imagen: https://weheartit.com/entry/150339327

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