El llanto que tensó un vagón de mentes

Como sucede todos los días, leía camino a casa en el transporte.

A los cuantos minutos, un lloriqueo lejano despegó mis ojos de las letras que tenía frente a mi.

Una niña de 4 años se quejaba del otro lado del vagón, porque la madre la tenía apretada con fuerza de la mano.

Escuchar llantos de niños es regular: muchas madres se mueven por la ciudad y los niños son inquietos, no es ninguna novedad eso. Lo que percibí de la situación que describo, es que la niña hablaba con un lloriqueo suplicante, no berrinchudo.

“No me aprietes la mano, me lastimas. Me lastimas, mamá.”

¿Acaso se puede ser más claro?

Y la madre, escuchaba y sólo le respondía “que se estuviera quieta”, sin intención de aflojar la fuerza que imprimía al tomar a su hija, porque esta no dejaba de insistir.

Por un instante miré a las mujeres que se encontraban más cerca de ella (que eran muchas) y todas estaban, como yo, extrañadas y pendientes de la situación que se estaba suscitando: unas mirando en otras direcciones (pero escuchándolo todo), otras mirando sin dudarlo a la madre y a la pequeña. La madre, que evidentemente notó esto, se puso repentinamente de pie al arribar a la siguiente estación. La puerta se abrió y ella, empujando a algunas de las mujeres, jaló fuerte y autoritariamente a la niña, provocándole esta vez, un fuerte llanto, además de un tropiezo que casi la hace caer.

La puerta se cerró y el vagón siguió avanzando. Pronto las perdí de vista.

Me mordí los labios por dentro y respiré hondo, conteniendo las lágrimas que casi caen por mi cara.

Volví a ver a mi alrededor, y la gran mayoría de las mujeres que estaban ahí mostraban esa misma emoción, negando con la cabeza, agachando la expresión y en sus miradas: molestia, enojo, tristeza. Tensas, todas. Nadie tuvo que decir nada para que todas lo supiéramos.

¿Cuántos casos no hay así? ¿Cuánta gente no ha perdido su humanidad al punto de ignorar el llanto de dolor que provocan a sus propios hijos, a su propia sangre?

Repudio y aborrezco ese tipo de comportamiento,

y es por ello que hoy me digo a mi misma:

Si supiera en este momento que al ser madre me fuera a convertir en alguna que fuera similar a esa mujer...¡Preferiría no tener hijos nunca!

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