El epitafio de Eva

Donde quiera que se encuentre el ser querido, allí se encuentra el paraíso…

palabrasaflordepiel

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En la tumba de la primera mujer se leía una inscripción hecha en piedra por mano de Adán: “Dondequiera que ella estuviese, allí estaba el Edén”. Mark Twain recoge esta honda manifestación de amor en Los diarios de Adán y Eva (Libros del Zorro Rojo). Me enternece hasta el tuétano.

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