El mundo roto de Frankie Mac

“16 años de alcohol” es una película que vi recientemente como ejercicio en un curso de escritura impartido por Carlos Camaleón en la Ciudad de México. Analizábamos la presentación de personajes en la película, la forma en la que da inicio y se va desarrollando la historia. 

Antes de leer lo que sigue, les dejo el link para que la vean y sepan de qué hablo.

16 años de alcohol. Película. 

Cuando vi esta película me identifiqué con el fragmento inicial. Aquel en el que se habla de la infancia del personaje principal, en la que habla del quiebre del concepto que él tenía de la relación de sus padres y cómo eso se va desmoronando. Tal vez no tan al pie de la letra como en el caso de un engaño, sino por otros factores. Lo que más me gustó es el monólogo inicial, que va intercalado entre escenas y diálogos, narrado por la siempre serena y seria voz de Frankie, el personaje principal. 

Algunas veces a algunas personas, las cosas no les salen como hubieran esperado.

Siempre he pensado que el amor es algo un tanto extraño. Parece complicado. Alegría y tristeza. Feo y lindo. Real e irreal. Pero algo que siempre he sabido es que quería vivir rodeado de amor. Un amor tranquilo, no excesivo. Lo bastante para alegrar mi corazón. No hacía falta que me hiciera perder la cabeza. Bastaba con que me hiciera sonreír. Sonreír al mundo. 

El amor es avaricioso. A veces, cuando las cosas no resultan como hubieras esperado, el amor se convierte en algo peligroso. Aterrador, violento, frío como la luna. Pero hoy, es cálido como la brisa.  

De repente, parece que los relojes se han parado y el mundo ha dejado de moverse. La burla, el odio, el final de la bondad. ¿Qué queda sino eso que llaman esperanza? Siempre lo supe, pero no entendía. Esto era una farsa.

No era un lugar en el que la gente gana cosas sino un lugar en el que la gente pierde, y pierde estrepitosamente. 

Aquí llega el viento, segando los edificios, buscando a alguien a quien culpar por su viaje en vano. Siempre tiene que pagar alguien, Ésa es la regla. La única regla.

 

Ver esto a lo largo del filme me llenó de un deleite melancólico. Me dije: Tiene razón. Uno no elige el lugar en el que nace o el entorno en el que se van desarrollando nuestros primeros pasos como seres humanos. Simplemente estamos ahí. Luchamos, sobrevivimos, nos sobreponemos a lo que tenemos enfrente y la batalla, como en todas las que hay a lo largo de la vida, nos llenará poco a poco de cicatrices. Nos transformamos para adaptarnos. Nos enfriamos si algo repentino quiebra nuestra cálida forma de ver la vida. Sanamos, sí, pero las secuelas de la herida ya cicatrizada pueden no desaparecer nunca. 

El escritor y director de esta película, Richard Jobson, fue un genio al entrar con esta introducción a la infancia de Frankie. Te sumerge una vez que comienzas. Entiendes, de repente y paso a paso, todo aquello que llevó al personaje a donde está. Al inicio y al final. 

Me deja con una perspectiva diferente sobre mi propia vida. Me da razón del por qué he llegado a tener pensamientos tan oscuros. Pues, en una historia no similar en detalle sino en concepto, hay cosas que terminé absorbiendo de las situaciones que tenía a mi alrededor. Al igual que Frankie, la que pagó emocionalmente (y lo sigue haciendo) soy yo

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