Desaparecida

Muchos días sin sentarme a escribir. Demasiados, si pienso en que cuando no escribo me asfixio. 

Tenía más de una semana que no me sentaba de frente a esta pantalla llena de luz y curiosidades;

largo tiempo sin fundir mis dedos con las teclas del ordenador. 

¿Cómo es que podemos perdernos de repente, precisamente, para volver a encontrarnos?

Sucede. Vaya que sí. 

¿Qué hice todo este tiempo en el que me diluí como las nubes en un día muy soleado?

Leí. Mucho. Tres libros y medio en menos de una semana es todo un récord. Y a pesar de que hice muchas otras cosas, sumergirme en los libros cuando el calor agobia y los pensamientos giran fugazmente. Me perdí en mi, en los libros, en las palabras, en las leyendas y en las anécdotas de un lugar cálido como lo es aquel pequeño paraíso terrenal. Como lo son muchos lugares singulares que permanecen, en ocasiones, ocultos, susurrantes. 

He vuelto, y mi mente refresca las letras que antaño no esperaba poder compartir. 

Porque, como alguna vez llegué a escucharlo, la calidez suele ser contagiosa. Me ha devuelto de mi desaparecido estado.

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