Método anti-bullying de antaño

El bullying tiene muchos años. La humanidad entera ha crecido a base de gente molestando al prójimo para conseguir sus objetivos o por simple diversión. No es un tema nuevo, aunque el nombre sí que tiene poco tiempo. Muchos en la escuela lo sufrieron, incluyéndome. Cuando iba con mi mamá para contarle aquellas situaciones y preguntarle cómo solía reaccionar ella cuando era niña, me contó que cuando le llegaba suceder (a ella o a sus 5 hermanas) una situación de bullying, se juntaban todas para ir a hablar con el susodicho agresor. Y, si no estaban todas, por lo menos las más grandes que estuvieran cerca.
“No te metas con mi hermanita” le decían al agresor en el patio de recreo de la primaria. Y, para mi sorpresa, el agresor dejaba de molestar. Obviamente esos eran otros tiempos (y yo no contaba con una hermana mayor que me protegiera), pero me hizo pensar mucho en la importancia que tenía el diálogo en el pasado, en la generación de nuestros padres. ¡Una amenaza defensiva era más que suficiente! ¿Se imaginan?
Ahora, cuando me pongo a recordar eso, siento que suena a leyenda urbana. Pero no lo fue. Antes, las cosas eran mucho más viables. Antes, uno estaba mucho más abierto al diálogo, por muy bravucón que pudiera llegar a ser.

Ojalá fueran así de sencillas las cosas hoy en día. Ojalá lo fueran.
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