El avión de las nueve en punto

En el avión de las nueve en punto

se reúnen varias entidades conocidas:

Las oportunidades que dejaste ir,

o las que atrapaste y no supiste aprovechar.

Las miradas furtivas a esa persona que

te gustaba tanto en el pasado.

Las palabras de reconciliación 

que esperaban un perdón que nunca

salió de tus labios.

Las reuniones con viejos amigos

a las que nunca asististe.

Los libros que compraste y no leíste.

Los te amo que siempre creíste que tu familia sabía que pensabas,

pero que nunca te diste el tiempo de decir

mientras los mirabas a los ojos.

Esas cosas, y muchas más, van en ese avión que parte a las nueve en punto. Simplezas y complicaciones por igual. 

Un avión mental. Un avión en el que, si sólo piensas en lo que contiene

tal vez se retrase, tal vez bajen uno o dos de sus pasajeros,

o tal vez (sólo para valientes) hagas bajar, uno a uno,

y pongas orden entre ellos. Y te ocupes de ponerlos firmes, y le hagas frente a lo que alguna vez fue.

Sólo así no los extrañarás el resto de la vida. Menos anhelos por el pasado y más esperanzas del futuro.

Hay “aviones” que se llevan cosas que nunca más volveremos a ver ni a saber de ellas, al menos en dado caso de que queramos ponerles una solución. Por ello hay que hacer ese enorme esfuerzo por reacomodar esos pendientes, y que el avión mental del que hablo sólo se lleve traspies, errores perdonados dispuestos a ser olvidados, y diferencias mínimas.

El avión que se va para no regresar…
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