Elixir de doble filo

Mi elixir se terminó, después de tanto tiempo.

Aquel deleite sin retorno, por fin se terminaba.

Miré el frasco, pequeño y delicado que se extendía frente a mi, con la poca mirada pueril que me quedaba.

Quería más, pero era menester alejarme del éxtasis que el elixir me causaba.

Siempre terminaba sentada en un rincón de aquel verde jardín.

Sin vivacidad alguna en este mundo.

El elixir inspira la somnolencia y provoca fantasías y pesadillas por igual.

Un sopor incontrolable que reduce la velocidad con la que el aliento fluye en los pulmones.

En resumen, es un coagulante de ideas.

Ataviado de ideal, el elixir me parece, también, un veneno.

Una puerta a todos los disparates que pasan por la mente a lo largo de los días más ociosos.

El elixir es aquello que satura, y vuelve a vaciar para poder empezar de cero.

Es una intrusión al razonamiento básico,

una dádiva que impulsa a la imaginación,

a un extremo al que nunca quise llegar.

¿Sabes lo que hay dentro de la mente cuando lo que la llenaba desaparece de repente?

El elixir lo sabe. Si lo bebes, puede que se digne a contártelo.

Y puede, también, dignarse a negarte cualquier respuesta.

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Ilustración de: Esther Aarts

 

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