La niña de los lunares

Realmente hay mucha gente que extraña esa época bonita en la que nuestra mayor preocupación era un raspón en la rodilla, alguna plana que haya dejado la maestra de tarea, o si había olvidado en algún lado mi plastilina para jugar.

Las tardes eran divertidas, acuosas hoy por el pasar de los años, pero nunca dejo de verle el lado curioso a mi vida y a lo que giraba en torno a ella.
Recuerdo claramente que mis lunares eran vistos con estupor por mi “yo” del pasado. De niña, creía que eran pequeñas moscas que se habían posado sobre mi y que no se querían ir.

¿En qué momento dejé de ver la vida de esa forma?

De repente, ya había dejado de ser niña.
De repente, ya era mayor.

¿En qué momento pasó esa transición en la que dejé de ver los lunares como moscas necias y comencé a verificar su crecimiento en caso de detectar que alguno fuera cancerígeno?

No lo recuerdo. No sabemos en qué momento nos volvemos mayores hasta que los “adultos” comienzan a tratarnos como mayores. Es una lenta transición que a veces apenas y llegamos a notar, pero se nota.

Cuando uno crece, todo se vuelve más difícil, y lo es mucho más el poder aceptar ese cambio.

Como le pasó seguramente a Wendy la de Peter Pan. Un día era una niña que podía jugar y dormir con sus hermanitos y al día siguiente ya era mayor y debía mudarse a otra habitación para comenzar a recibir instrucción de señorita.

Sin embargo, a pesar de que perdí esa parte en la que se nos impide seguir siendo niños en esta “sociedad mecanizada” (como diría uno de mis amigos), nadie nos puede arrebatar lo que queramos conservar de esos recuerdos y gustos de infancia por el resto de nuestras vidas. Algunos tienen su afición a los juguetes y colecciones, otros a jugar y convivir de una forma más encendida y risueña, y otros, como yo, guardamos la capacidad de ver el mundo a través de ojos infantiles. Miramos, curioseamos, guardamos algún objeto o detalle que nos recuerde una gran aventura, y cosas por el estilo.
El alma no tiene una edad que no le queramos dar, y eso es lo que le da su verdadera autenticidad.

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2 comentarios en “La niña de los lunares

  1. Ay, esa infancia que ya paso pero que guardamos dentro del corazón. Sigo sin poder madurar al 100%, me comporto como niña, juego como niña, hago bromas como niña pero estoy en el cuerpo de una persona que cada día va envejeciendo…. Algún día entenderé a mis padres, yo lo se, hoy solo quiero jugar. Ponerme mi capa de batman y hacer volar esa imaginación que transformaba mi entorno por completo al grado de no distinguir mi realidad. No quiero que esa niña de los lunares olvide que son moscas, porque así, poco a poco ira olvidando esa infancia que la hacia soñar y la llevaba a otras dimensiones con esa gran imaginación. 🙂 feliz día del niño y niña, jejeje, un abrazo amiga.

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