El cristal doble

Se decidió, por fin, a ladear el martillo: había soportado demasiadas tonterías para una sola vida.

Lo agitó con fuerza y lo lanzó al cristal. Había llegado la hora.

Por fin.

Llevaba despidiéndose demasiado tiempo de ese reflejo y no podía soportar más esa imagen. Lloraba. Él lloraba, y el intento de reflejo que el cristal quebrado le daba también lo hacía. Pero sabían que era inminente la separación, y el cambio por un cristal diferente. Tal vez peculiar, tal vez normal.

¿Valdría la pena el cambio, o se arrepentiría para siempre?

¿Cómo sabría  que la decisión fue la correcta y que no querría volver para recoger los cristales destrozados después?

No lo sabía. Sólo le quedaba intentar vivir con ello. El martillo ya había hecho su trabajo.Imagen

 

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