Cuento de reflexión, hundimiento y rescate

Un día, él y yo fuimos a caminar. Íbamos de la mano, comentando cualquier cosa, hablando de las cosas que debíamos conseguirnos para comer, y lo que habríamos de cargar de vuelta. Cuando llevábamos un buen techo recorrido, me detuve en seco. Eso llamó su atención, y se detuvo también.

– ¿Qué pasa? – me preguntó, algo preocupado, al notar mi repentina seriedad.

– Siento que muchas de las personas que quiero sólo me buscan cuando me necesitan, que soy más como una herramienta en tiempos de carencia, como una acompañante que surge sólo cuando hace falta un repuesto. Siento…siento que soy sólo un escalón

Él me miró un pequeño instante, tan cabizbaja como estaba, y apretó un poco mi mano para llamar mi atención.

– Siempre habrá gente que hará eso. Van a buscarte sólo cuando cuando les hace falta una mano. Trata de no ver hacia la parte negativa. Estoy seguro de que puedes crear tus propios eventos felices y puedes decidir si quieres compartirlos con ellos o no.

Prestaba atención, aunque mi mirada seguía clavada en el asfalto asoleado por el sol de media tarde.

Aún tomando su mano, caminé en dirección al mercado de los domingos para comprar lo planeado. No le dije nada, aunque sus palabras me hicieron ver todo desde un enfoque algo diferente. Otra perspectiva.  

Es increíble, la forma tan curiosa en la que la vida nos puede llegar a sorprender. Llegamos a estar tan endemoniadamente enfrascados en un montón de cosas sin sentido porque en ocasiones perdemos el enfoque. Nos perdemos dentro de nuestra propia telaraña de pensamientos negativos, enredándonos cada vez más y más. No caemos en la cuenta de lo importante que puede llegar a ser ver las cosas desde otro punto de vista más objetivo, más ventilado. Más tranquilo, y mucho menos predispuesto a lo que solía hacerme caer. 

Una lección más aprendida, y aprendida bien. 

Espero que eso ayude a no precipitarme en mi piscina personal de pensamientos pesados, y por lo tanto, a no caer en un ahogamiento tan repentino como el que  sufrí en aquella ocasión. 

 

En ocasiones no debe ser para nosotros raro que la realidad se complique. Simplemente son tragos amargos que hay que dar antes de llegar a los dulces. Eso me hace formular esta pregunta: 

¿Cómo sabemos que algo es verdaderamente dulce si no nos tocó probar lo amargo antes?

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5 comentarios en “Cuento de reflexión, hundimiento y rescate

    • Mil gracias por este comentario, Javier. Me alegra mucho que te guste la forma en la que relato la evolución de mis pensamientos.
      ¿Será este el camino a la sabiduría?
      Si lo es, me parece bueno saber que hay gente recorriéndolo conmigo 🙂
      ¡Un saludo!

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