Crónica de una boda. Una perspectiva del 18 de enero

El tiempo es uno de esos seres caprichosos que gustan de jugar con nosotros, los terrenales.

El tiempo se lleva a veces los días con una lentitud que consideramos tediosa a más no poder, y a la vez con una rapidez que termina por dejarnos anonadados, sorprendidos por completo de sus irónicos movimientos.

Siento que he asimilado las ideas y estructurado los párrafos en un día, y sin embargo me he llevado dos semanas y dos días. ¡Como corre el tiempo!

Les conté que el sábado antepasado mi prima se casó por la iglesia y que fui una de las ocho damas que la acompañarían hasta el altar.

¿Cómo hablar de las miles de cosas que sucedieron ese día? Ufff, supongo que podría hablar de los contratiempos antes de las cosas que realmente vinieron bien. Omitiré detalles menores, pero la esencia se mantiene (sobre todo porque, ustedes saben, me encanta retratar las cosas curiosas, extrañas o bonitas a mi alrededor).

La madrugada anterior a la boda se robaron el cable de la luz de la calle donde está el “salón de belleza” para el que habíamos hecho cita. Sí, lo escribí bien…¡se robaron el cable de la luz en la madrugada! Obviamente cuando llegamos a nuestra cita, los estilistas corrían en todas direcciones reclamando a los empleados de la luz que tardaron varias horas en restablecer la electricidad.  ¡Todo un caos!

Después de mucha tensión por el retraso salimos apresuradas hacia la ceremonia. A pesar del tráfico de la ciudad (porque déjenme decirles que también estaba algo lejos la iglesia y hubo un partido de fútbol ese día) llegamos a tiempo para tomarnos algunas fotos con los novios, ya juntas las ocho damas, e iniciar la misa.

Saliendo de la ceremonia religiosa y antes de trasladarnos al salón de fiestas, algunas de las damas y yo nos reunimos alrededor de la novia, y le dijimos que cuenta siempre con nosotras y que la consideramos nuestra hermana. Ella se mostró emotiva y nos agradeció con creces todo el apoyo. Finalizamos ese pequeño y peculiar encuentro con un abrazo que cubrió su blanco vestido de púrpura por unos segundos.

Cómo se veía la pista desde mi lugar.
Cómo se veía la pista desde mi lugar (chueca la foto, bonito el lugar jajaja)

Para el brindis dentro del salón de fiestas, Carlos (el novio) dio un pequeño discurso. Fue bonito a mi parecer. Incluso (no sé si haya sido imaginación mía o fue real) pero creí haber escuchado que la voz se le quebraba un poco cuando hablaba.

Muchas fotos, baile, conversación interesante, risas, diversión, la familia reunida, y una deliciosa cena dieron de qué hablar ese día. Con sólo acordarme en este momento del postre (tartas de chocolate blanco con zarzamora y tartas de chocolate oscuro con almendra) se me vuelve a hacer agua a la boca. ¡Delicias que vale la pena aprender a preparar algún día!

Debo confesar antes de hablar de lo siguiente, que no estoy acostumbrada a utilizar tacones por muchas horas, y menos en situaciones de “alto rendimiento” que requieren estar de pie mucho tiempo y bailar mucho. Pero, la verdad, no me importó. Bailé hasta que los zapatos me lo permitieron, y cuando comenzaron a causar molestia, terminaron a un lado y terminé caminando por el salón sin zapatos. ¡Mejor descalza que sentada! Tenía muchas ganas de celebrar como para dejar que algo así me privara de bailar.

Continuamos en la reunión hasta que comenzó a irse la gente, hasta que la felicidad inundaba cada uno de los pasos de la pista, hasta que me ampollé los pies de tanto bailar y, en mi afán de seguir bailando, aventé mis tacones debajo de la mesa 19.

Al final de la velada, tenía los pies lastimados pero toda la actitud para llegar a casa y relajarme al fin. Casi a las cuatro de la mañana me dejé caer por el sueño. Doce horas vestida y al fin, rendida.

Tuve oportunidad de preguntarle a Nismet su opinión sobre todo el acontecimiento, y ella me dijo muchas cosas. Me habló de lo difícil que fue la planeación, del acomodo de los invitados, de la tensión y de su peculiar punto de vista desmintió lo que se dice al respecto de las novias (que bajan de peso por los nervios) contándome que ella se mantuvo igual. Lo que más me gustó de las cosas que me dijo, y con ello finalizo este post, fue lo siguiente:

“Cuando te casas y empiezas a vivir con alguien, sientes que estás en otra realidad. Pareciera que es una vida distinta; se disfruta, y se disfruta más si has llevado antes una relación sincera. En lo personal, es lindo poder dormir abrazada a alguien a quien amas.”

Felicidades a los dos. Espero que si me leen se diviertan un poco con esta pequeña narración.

¡La vida es una aventura, a fin de cuentas, y hay que saber aprovecharla! 🙂

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3 comentarios en “Crónica de una boda. Una perspectiva del 18 de enero

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