Dos días para una boda

El sábado 18 de enero se casa una de mis primas, de nombre Nismet. Diseñadora gráfica, mujer fuerte, inteligente, y casi mi hermana mayor por la cercanía con la que crecimos.

Ella y Carlos celebran sus diez años de novios a la par que sus nupcias. ¡Diez años! Suena increíble en estos tiempos en los que durar un año suele ser un tiempo récord. Pero vaya que ellos lograron hacer que funcionara. ¡Y no sólo como novios! Ahora están a punto de pasar a la siguiente etapa, esa a la que muchos les da miedo, a otros indiferencia, y a muchos más emoción: el matrimonio.

Al principio, como siempre, hay mucho por hacer, y poco tiempo para hacerlo. Pero, al fin, está casi todo listo y toda la familia y amigos nos encontramos emocionados. Será una ceremonia elegante y una fiesta que será imposible de olvidar por dos razones: lo memorable del acontecimiento por si mismo, y el hecho de que es la primera boda grande de parte de esta generación, y de la familia de mi mamá.

Los colores morado oscuro y plateado inundan a las damas de honor entre las que me encuentro yo. Es bonito esto de ser “dama”, la verdad nunca lo había hecho y me entusiasma poder estar tan cerca de todo. Hasta hoy todo ha ido genial, y todas estamos muy felices por ellos.

Hoy, a dos días del gran acontecimiento, ella está relajada, a excepción de algunas personas que no han confirmado al 100% su asistencia y pues,  cuando se trata de eventos grandes, siempre genera angustia. Fuera de eso las cosas están listas, todos preparados, y en sólo dos días ella estará casada con la persona que ama. ¿No suena bonito eso?

Cosas como las que están sucediendo en este momento me hacen pensar en el amor. ¿Qué tan lejos estamos dispuestos a llegar por él? ¿Qué tanto damos de nosotros en confianza, aprecio, amor y apoyo para decidir estar con una persona “oficialmente” hablando? Y no sólo eso, sino también es importante saber qué tanto estamos respetando el espacio y los gustos de una persona para que también se sienta cómoda de decir el “sí” frente a la familia y amigos.

Porque sólo con esas cosas en verde podremos hablar de pasar vidas juntos, y de decidir amar a una persona.

Suertuda de ti, prima-hermana mía, que has encontrado a esa persona que tiene lo que buscabas. Diez años y en pie y fuertes. Los felicito y los quiero. 

Espero poder hablar de cómo estuvo su boda después del sábado. Por lo pronto, a jugar que acomodo los detalles menores de mi arreglo personal y lucir lo mejor posible. La sonrisa ya la llevo orgullosamente.

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