Dar la espalda

No te atrevas a darme la espalda.

Sufrimiento ha venido a nosotros muchas veces bajo la propia inconsciencia, bajo los propios pasos. Si lo causaste y lo sabes y estás arrepentido, lo que menos debes hacer es darme la espalda, y huir.

¿Qué hacer entonces? Trata de enmendarlo, extiende un puente blanco por el que podamos cruzar y estar en paz de una vez por todas.

No te atrevas a dejarme a un lado, a desaparecer como si fuera lo más fácil de la vida porque te has dado cuenta de que, en realidad, creer eso sólo te acarreará una mayor tortura.

No me des la espalda. No le veo sentido si lo que quieres es arreglar las cosas.

Pero, si lo que tú quieres es sanar de las heridas que tu egoísmo ha causado, no te culpo.

Has arruinado todo de tantas maneras que a duras penas puedes ser capaz de sostenerte en pie, de mantener todo al frente.

Si me vas a dar la espalda, hazlo ya, y deja de hacerme perder más tiempo. Libérame de los problemas que conlleva el hecho de tenerte en mi vida.

Dame la espalda. Dámela ya. No quiero que te acerques más. Deja de intentar abrazarme.

Hubiera sido más simple si me hubieras dado la espalda.

Hubiera sido más sencillo decirle adiós a este recuerdo.

Ya. No diré más que esto:

Démonos la espalda.

Dejemos de lastimarnos y terminemos con esto de una buena vez. 

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