De amor y meseros entrometidos

El mesero se le acercó solamente a ella preguntando si no hacía falta nada más, ignorando completamente a su acompañante.

– No me hace falta nada, gracias.

El mesero se retiró y ambos comenzaron a reír.

– ¿Nos veremos demasiado incompatibles? ¿Tú qué opinas?

– Tal vez, pero eso nunca nos ha importado.- dijo él, mientras daba un trago a su bebida.

Otra ronda. El mesero rellenó la taza de café de ella, que se encontraba a la mitad, y se alejó en silencio sin quitarle la mirada de encima.

– ¿Lo ves? Nadie es capaz de creer que tú y yo estamos saliendo juntos.- ella habló mientras espolvoreaba más azúcar en su taza.

– No lo tienen que creer, aunque sería muy interesante ver sus rostros cuando comiencen a creerlo.

En respuesta, ella lo besó con suavidad justo cuando el mesero daba su cuarta ronda en 10 minutos.

Este, atónito y sin decir nada, se retiró.

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