Sabotaje

Llegué a soñar

que corríamos por pasillos de una gran

casa infinita, fastuosa, vasta.

Íbamos de habitación en habitación,

buscando una salida que no tenía

intenciones de aparecer.

Había habitaciones con largos comedores

llenos de gente y vacíos de alimento,

lugares con montañas de candores,

con plagas de dulces vivos;

bibliotecas de habitaciones enteras,

cuartos de baño de ensueño, lugares

despejados donde pudimos haber dormido

o nadado, o solamente tomado un respiro.

En fin. De todo.

Íbamos de habitación en habitación,

tomados de la mano y sin soltarnos

ni un instante,

protegiéndonos de quien quisiera romper

nuestra bella unión.

Yo, siempre atenta, miraba

a todos lados, esperando

y protegiendo tu mano,

guiándola siempre por el camino más seguro,

más bonito.

Eso fue en aquel sueño,

tan hermoso, tan cautivador.

Pero, en la realidad, las cosas no

suelen ser tan bellas.

Resultó ser, mi amor,

que el que terminó alejándonos fuiste tú.

¿Quién lo diría?

Yo luchando con el exterior,

cuando el que orquestó esta separación,

y llevó todo lo bello que creamos a una completa ruina,

fuiste tú.

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