L’Agemé y la charla

Han pasado varios días desde aquel primer encuentro.
He intercambiado tantas palabras contigo que podría construir un monumento con ellas, y volverlas a recorrer de una manera turística, tomando fotografías y evocando recuerdos siempre agradables, siempre diversos.

Palabras tú y yo;
canciones tú y yo;
risas tú y yo.

Una constante doble repetición comenzó a darse sin planearlo, y fue tan par dispar que su constante todavía me sorprende y estremece.
No tuvimos que hacer un drama, no tuve que decir cosas de más, ni estaba preocupada por decirlas por error. Simplemente dejé todo ir y venir, meterse en el contorno, en el filo de las posibilidades envolventes y enloquecedoras.

Y fue gracias a aquella fluidez otorgada por la naturaleza, que te sentí un paso más cerca de mis pensamientos.

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