Cambios

A veces uno se encuentra tan distraído que resulta difícil poner verdadera atención en lo que esta sucediendo a nuestro alrededor.
Pero, un buen día en el que no todo esta igual que siempre, pones más atención en aquellas cosas que consideras descuidadas, y te das cuenta de que ha habido cambios. Cambios muy sutiles, cambios casi ínfimos, pequeñitos, que simbolizan algo más.

Los cambios remueven algo dentro de la mente. Aun cuando ya no debería sentir nada, lo siento. Y el vacío, ese frío inmenso y hueco dentro del estómago se hace presente.
No debería sorprender. No debería, pero lo hace. ¿Ahora qué hago? Simplemente volver a dirigir la mirada en el camino que ya he elegido y sentir las novedades que este ha traído.

Es raro voltear a ver hacia los lados o hacia atrás y notar que esos vestigios del pasado, esas huellas que marcaban un asunto por mucho especial y “de historia” han desaparecido repentinamente. Nada marca más las ironías de los mentirosos que las promesas, y es en ellas donde probablemente siempre se encontrarán los fallos más grandes y dolorosos, porque venían de las personas a las que más afecto se les guarda.

Los cambios a veces renacen con las miradas, o se extinguen para siempre como la mecha demasiado corta de una vela, ahogado en su propia cera e imposible de volverse a encender si no se excava bien hondo en las profundidades, si no entra uno en lo más hondo del pensamiento.

Ahora los cambios, ya acumulados, sorprenden y enredan y provocan innumerables dudas: ¿realmente hemos cambiado tanto en tan poco tiempo? ¿Qué habrá sido lo que orilló todos esto a dar una vuelta pronunciada y seguir un camino tan alejado del mío?

Sea lo que sea, se debe mantener la conciencia y el raciocinio lo más serenos posible, y, si son cosas que sorprenden para mal o incluso lastiman, conviene dejar de mirarlas y poner los ojos de lleno en el propio camino, en el que ya se encuentran todos los individuos a partir de las decisiones tomadas, y ahora sólo queda seguir.

Con todo esto hablo de los cambios intranquilos, pero no digo que todos los cambios sean malos. Hay ocasiones en las que ni siquiera notamos que aquel cambio que,en su momento, nos dolió infinitamente, ahora que se mira con la mente fría se agradece con creces. Esos son los mejores: los que al principio no son comprensibles, y que después de un tiempo terminan siendo una mezcla de experiencia, pasos más estables y sanos, conciencia y madurez.

¿Serán los cambios que obligan a crecer para afrontarse aquellos que nos llevan desde niños hasta la vejez, cuando la persona es transformada de experiencia vivida a experiencia por contar, y de cambios que, positivos o negativos, han sido superados o arrastrados?

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