L’Agemé y la charla

Han pasado varios días desde aquel primer encuentro.
He intercambiado tantas palabras contigo que podría construir un monumento con ellas, y volverlas a recorrer de una manera turística, tomando fotografías y evocando recuerdos siempre agradables, siempre diversos.

Palabras tú y yo;
canciones tú y yo;
risas tú y yo.

Una constante doble repetición comenzó a darse sin planearlo, y fue tan par dispar que su constante todavía me sorprende y estremece.
No tuvimos que hacer un drama, no tuve que decir cosas de más, ni estaba preocupada por decirlas por error. Simplemente dejé todo ir y venir, meterse en el contorno, en el filo de las posibilidades envolventes y enloquecedoras.

Y fue gracias a aquella fluidez otorgada por la naturaleza, que te sentí un paso más cerca de mis pensamientos.

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Primera vista a L’Agemé

La primera vez que me topé contigo, el día pintaba diferente. Lo sentí. ¿Habrá sido algo en el viento helado que me reanimaba y susurraba porvenires aquella mañana? Tal vez.

Yo, por aquello, iba de ánimo púrpura y a la risa, a la charla, al trago gustoso en colectividad y al deleite.

Entre aquél intercambio de casualidad fue que tu aura se presentó, saludando con la naturalidad de alguien que sabe y conoce y ve y ríe y disfruta. Resultaste ser una sombra materializada de la nada, aun cuando habíamos tenido muchos puntos en común por años, y nunca nos vimos hasta esa noche. Las horas transcurrieron suaves y sorpresivas y me fui dando cuenta con cada palabra que tal vez era sobre ti que el viento había susurrado aquella mañana.

El día no alcanzó a llegar lo suficientemente rápido, y tuvimos que interrumpir el encuentro tan amigable, tan diverso y divertido.

Aquella noche sólo hubo una suave evidencia de tu simpatía, pero con eso tuve para poder escribirte un indicio, y preservar la única evidencia de que estuviste ahí.

La friendzone

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Después de leer miles de quejas desde la calle hasta meditaciones y comentarios en las redes sociales sobre la tan afamada “friendzone” estos últimos meses, he reflexionado al respecto y sacado algunas conclusiones, entre las cuales está la de que este “estado” no se ve de la forma en la que debería.

Habrá por ahí personas que aún no tengan conocimiento sobre el significado que esta palabra ha ido adquiriendo con el paso de estos tiempos, así que lo explicaré brevemente. La friendzone es el estado en el que quedan “confinados” las o los chicos (generalmente ellos, pues por tradición en ocasiones, son los primeros en declarar sus sentimientos) cuando son rechazados bajo razones que les dan sus idealizados enamorados como el que sigan siendo sólo amigos, o que no quieren perder la amistad, o cosas por el estilo.

Repito. Creo que la “friendzone” no se ve de la forma en la que debería. Y hablo por ambos lados.
Creo que ese estado de “siempre ir detrás de la persona que siempre te ve como su amigo en lugar de verte como algún candidato amoroso” es una constante, larga e interminable cadena de superficialidad.

Todos esos chicos que buscan a una chica bonita que los rechaza, saben que a ella le gusta otro chico más agraciado físicamente que también la rechaza, por pensar en una chica que ni siquiera voltea a verlo porque tiene frente a sus ojos a un sujeto que ni siquiera sabe de su existencia.

¿Por qué nadie valora lo que tiene cerca?
¿Por qué nos encontramos todos cegados ante la idea de que el amor que queremos no existe, en lugar de cerrar los ojos de la superficialidad y abrir los ojos del alma?

El día que las chicas dejen de idolatrar a los patanes a los que hoy se hace referencia como “todasmías”, y el día que todos los chicos dejen de desvivirse y hacerle favores a la chica más guapa que sólo les habla o los busca como un recurso para salir de apuros: ese día, mis amigos, habremos provocado un cambio en la sociedad.

¿Será que escribo esto porque el cambio comenzó conmigo por alguna razón, y los patanes me causan repudio en lugar de atracción? Es un pensamiento sencillo si se reflexiona bien: ¿De verdad están dispuestos (y hablo por hombres y mujeres) a desvivirse por gente que cree que las personas que les tienen cariño son una larga barra de buffet a elegir, y que sólo deben servirse por porciones en lugar de acercar el entero de sus caracteres?

Recomendaría una detenida observación de esta situación, y comenzar a valorar la atención y cariño de las personas que lo profesan con honestidad.

¡Miren la honestidad! ¡Miren el alma! Es lo primero que nos dice cuánta felicidad podremos pasar al lado de una persona, sea amiga o pareja. Más vale permanecer cerca de gente que te valore, a gente que te de la espalda sólo porque no te considera “suficiente”. Esa gente altanera no tiene derecho a sacar beneficio de las personas a cuesta de sus emociones, y tienen una fealdad mental tan grande que prefieren subirse a un pedestal para que no se les note.

Con ello no quiero decir que la amistad no es de lo mejor que existe. Es más, la amistad es un estado de inmensa y duradera alegría, siempre y cuando sea voluntaria. Si te sientes confinado a ella sin tu consentimiento y no eres feliz ¿por qué lo toleras?

¡A reflexionar entonces!

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Cambios

A veces uno se encuentra tan distraído que resulta difícil poner verdadera atención en lo que esta sucediendo a nuestro alrededor.
Pero, un buen día en el que no todo esta igual que siempre, pones más atención en aquellas cosas que consideras descuidadas, y te das cuenta de que ha habido cambios. Cambios muy sutiles, cambios casi ínfimos, pequeñitos, que simbolizan algo más.

Los cambios remueven algo dentro de la mente. Aun cuando ya no debería sentir nada, lo siento. Y el vacío, ese frío inmenso y hueco dentro del estómago se hace presente.
No debería sorprender. No debería, pero lo hace. ¿Ahora qué hago? Simplemente volver a dirigir la mirada en el camino que ya he elegido y sentir las novedades que este ha traído.

Es raro voltear a ver hacia los lados o hacia atrás y notar que esos vestigios del pasado, esas huellas que marcaban un asunto por mucho especial y “de historia” han desaparecido repentinamente. Nada marca más las ironías de los mentirosos que las promesas, y es en ellas donde probablemente siempre se encontrarán los fallos más grandes y dolorosos, porque venían de las personas a las que más afecto se les guarda.

Los cambios a veces renacen con las miradas, o se extinguen para siempre como la mecha demasiado corta de una vela, ahogado en su propia cera e imposible de volverse a encender si no se excava bien hondo en las profundidades, si no entra uno en lo más hondo del pensamiento.

Ahora los cambios, ya acumulados, sorprenden y enredan y provocan innumerables dudas: ¿realmente hemos cambiado tanto en tan poco tiempo? ¿Qué habrá sido lo que orilló todos esto a dar una vuelta pronunciada y seguir un camino tan alejado del mío?

Sea lo que sea, se debe mantener la conciencia y el raciocinio lo más serenos posible, y, si son cosas que sorprenden para mal o incluso lastiman, conviene dejar de mirarlas y poner los ojos de lleno en el propio camino, en el que ya se encuentran todos los individuos a partir de las decisiones tomadas, y ahora sólo queda seguir.

Con todo esto hablo de los cambios intranquilos, pero no digo que todos los cambios sean malos. Hay ocasiones en las que ni siquiera notamos que aquel cambio que,en su momento, nos dolió infinitamente, ahora que se mira con la mente fría se agradece con creces. Esos son los mejores: los que al principio no son comprensibles, y que después de un tiempo terminan siendo una mezcla de experiencia, pasos más estables y sanos, conciencia y madurez.

¿Serán los cambios que obligan a crecer para afrontarse aquellos que nos llevan desde niños hasta la vejez, cuando la persona es transformada de experiencia vivida a experiencia por contar, y de cambios que, positivos o negativos, han sido superados o arrastrados?