Lágrima blanca

Ciudad de México, a 29 de octubre del año 2012

Me sobrecogió la sorpresa al haber hallado esta noche, sin planearlo, la vista perfecta de una deidad ancestral.
El contacto con la luna llena a finales de un octubre impredecible, me llena de dicha.
¿Por qué ahora? ¿Por qué justo en este momento?

La descubrí grande, intensamente brillante, y completa, como pocas veces puede llegar a disfrutarse. La luna se encontraba más cerca de mi esa noche de lo que había podido estar en mucho tiempo. Tan hermosa, tan celestial.
La encontré primero recubierta de una suave tela. Después, poco a poco, la luna se deshizo de su brumosa vestimenta, y se me presentó clara y desnuda, justo al momento exacto para retratar su fina silueta, brillante.
La contemplé, extasiada. Contemplé el amanecer negro con una luna blanca por diosa, la forma en la que se acompaña y a la vez se desprende de su séquito estelar.

Ahora puedo ser capaz de comprender lo que sienten los lobos: esa ahogada y aguda necesidad por proferir un aullido como único tributo que pueden ofrendar a la belleza, a la luz en la oscuridad, a aquel faro natural de blancura y frío.

Puedo sentir cómo renace dentro de mi, una pequeña flama. Tal vez sea esperanza. Tal vez sea algo más que eso y ni siquiera he tenido oportunidad de notarlo como se debe. Sea como sea, las demás nubes decidieron alejarse y me permitieron disfrutar esta noche mágica, el más grande de sus regalos.

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5 comentarios en “Lágrima blanca

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