Atlantia

Esta canción, de nombre Atlantia, cantada por Mago de Oz, dura casi veinte minutos, y no me canso de escucharla porque siempre me hace pensar mil cosas. Aquí les comparto lo último que se menciona en ella, una nota dejada para la posteridad, en un futuro donde el ser humano consumió el planeta y es una raza casi extinta.
Dejo el fragmento para que lo puedan leer y me digan qué opinan al respecto. A mi me mueve mucho, reflexiono en cosas que a veces no tienen nada que ver con la canción. Inspiradora y triste a la vez.
Si quieren escuchar la canción completa también lo recomiendo, está muy interesante y trata varias problemáticas de la civilización actual.

Sin más por el momento, los dejo con la cita.

Durante miles de años los seres humanos hemos podido disfrutar del mejor regalo que los dioses dieran jamás a ningún ser vivo: la brisa, el viento, el hermano Sol y la hermana Luna, campos y praderas donde ver crecer a nuestros hijos, amaneceres bañados con el perfume que estornudan las flores en primavera, puestas de sol decoradas con los sueños aún por conseguir y aunque parezca mentira, inteligencia. Pero el hombre blanco despreció aquel tesoro, y a medida que la vida le sonreía, él le contestaba dando patadas al destino.
Si alguien lee esta carta, no olvide que el fin de esta civilización se debió al egoísmo, codicia e incultura de la raza humana. Los hombres ya no somos mamíferos, el ser humano no se convirtió en depredador; la raza humana somos simplemente un virus, matamos, crecemos y nos multiplicamos.
Por eso nos extinguimos, por eso las aguas se tragaron nuestra civilización: la verdadera atlántida éramos nosotros. Y por eso dejo escrita esta nota, para formas de vida inteligente venideras.
Cuando los hombres escupen al suelo…se escupen a sí mismos.

Manifiesto de libertad

24-agosto-2012

Libre, libre. Libre me extiendo, libres se mueven mis manos. Cual corcel a la llanura verdosa, cual amazona a la cacería.
Fuerte, tenaz, disciplinada, decidida. Ni un atisbo de duda cabe en mi alma ya.
Libre, libre, sin riendas, corcel alegre, que brincas y corres por praderas imperecederas, por saladas arenas que el mar abraza con su suave brisa y el sol abrasa con su calor.

Respira libertad, yegua salvaje, que aquí nadie tiene la capacidad ni la valentía ni la inteligencia ni la astucia suficiente para domarte.

Libre, ¡libre al fin!
Libre y serena, independiente, autosuficiente.
Libre, contenta, fugaz, cambiante, rebelde.
No te fíes de nadie, potrilla alocada, que aquí todos desean poseer tu fuerza, tu belleza, tu piel, tu aroma y tu carne.
Libre trota, relincha al viento y a los sueños que aún no nacen. Entrégate a una sombra que se extiende siempre a lo lejos, más allá de mis ojos gastados y de mi experiencia mental curtida por el sufrimiento y la decepción.

¿Dudas? No hay necesidad.
Eres libre. ¡Por fin eres libre!

Libre de reír, de crear, de conocer y reconocer algo que puede que sea mío o puede que nunca lo haya sido.
Ya no te importa. Sólo sé que eres libre, y que te encanta esta libertad.

Festejo mucho esta noche. Por fin soy eterna en mí. Sin pertenecer a nadie ni en pensamiento, ni en obra, ni en absolutamente nada. ¡Eres libertad dentro de mi cuerpo!

¡Soy mía, sólo mía!

Mía, mi cariño, mis sonrisas, mis escritos, mi amor, mis pechos, mi espalda, mi cintura, mis caderas, mis ojos, mi malicia y mi seducción.
Mía, enteramente mía. Soy mía y sobre mí tengo propiedad entera. No le pertenezco a nadie. No soy de nadie al igual que nadie es de mí.

A mis pies se extiende un camino distinto. Es tiempo de trotar a voluntad en esa dirección.

En un principio permanecía temerosa al respecto de esto. ¿Qué será de alguien que lleva mucho tiempo sin ser ella mísma?

Dejando de lado esa idea, ahora apagada por el inmenso brillo de esta libertad infinita, reitero en este escrito lo esencial: soy mía. Mis lágrimas, mis sueños, mis pensamientos, mi ser entero pertenece a mí misma. Hago mi voluntad. Bailo, camino, beso, sonrío. Todo está más hermoso de lo que esperaba y mis proyectos crecen más cada día y se dirigen a lugares más lejanos, más inmortales.

La migración no debe parar. Crear con letras nuevos puentes de un destino infinito. Juegue, viaje, ría, gane o pierda en uno de sus múltiples obstáculos, la libertad me da la licencia completa para nunca detenerme, y, por lo tanto, nunca dejarme vencer.

Respira profundamente y corre, que la vida no espera.

Los reyes malditos

Maurice Druon y su saga “Los reyes malditos”

Recientemente me vi atrapada por esta colección de libros cuando me los encontré de repente en una tienda. Iban por separado y me pareció interesante comprar los primeros tres volúmenes dado que no traía dinero suficiente para los siete.

Me los llevé a casa y de inmediato me atraparon. En tiempos de Felipe el Hermoso de Francia nace una maldición infundada por el gran maestre de la orden de los templarios, supuestamente extinta por haber encontrado indicios heréticos en ella. Una gran mezcla de intrigas, un montón de datos históricos relatados de tal manera que no se hacen tediosos sino entretenidos, entrelazados con la pasión de la guerra y las injurias entre familias para hacerse del poder, resultan en una impactante saga.

Me falta leer el último libro todavía, pero puedo garantizar que no son una pérdida de tiempo. Léanlos, y deleitense con el ambiente que corre después de las palabras del gran maestre en la hoguera:

“Todos malditos, hasta la séptima generación”.

Lirios

Un nuevo ciclo se abre. Una vida comienza, alejada de las aguas turbias. Nuevos páramos de agua cristalina están a punto de llegar. Se mezclan ideas. Se pierden enfoques.

Se vuelven a retomar, y la pluma arranca y se pone a rasgar el papel con toda la velocidad que posee.

Nacen precipitadamente del instrumento creador ríos cargados de lirios, desplegados del lago superior donde habían nacido y crecido. Son sueños desprendidos del lugar fijo donde fueron formados, y ahora se deslizan a gran velocidad con la corriente del agua que les tocó por azar. Algunos se toparán con piedras, algunos serán devorados por los peces, algunos permanecerán varados en las orillas del río porque iban demasiado lento. Otros se rompen con la rapidez de la corriente, debido a que la velocidad y el roce las destroza antes de llegar al mar.

De todas esas ideas y sueños sueltos en lirios floreados y blanquecinos, surgen unos pocos que van a buena velocidad, en el rumbo correcto y llegan al mar, donde son parte de un sueño más grande, más fuerte, más inmortal.

Dentro del mar, los lirios llegan al cielo cada que cae una estrella o son bañados con suficiente luz de luna.

“Lirio…lirio…”

¿Seré acaso la que soltó todos esos lirios y los dejo ir a encontrar un nuevo destino?
¿Seré la autora intelectual de esta salvaje búsqueda por ir más lejos?
¿Será acaso que todo está conectado?

Un nuevo ciclo de lirios se abre y se despliega con sus respectivas flores y sueños y retos.

Esperar para seguirlos no es una opción,
pues los mejores lirios ya se han alejado.

Tintes de mitología

Las clases de mitología grecorromana de la universidad nacional autónoma de México me llenan de buenos recuerdos. Volver a incursionar en aquellas aulas llenas de gente de generaciones posteriores, poner atención y reír junto con ellos ante las bromas y buena forma de enseñanza de Gabriel Sánchez Barragán es reconfortante, y tranquilo.
Tomé algunas notas sueltas. Y me gustaría compartirlas. No son la compilación de toda una clase ni están enteramente documentadas, sino de algunos instantes que me parecieron relevantes. Los comparto, porque podrían serle útiles a algunas personas.

El orden griego es un orden armónico. Cuando se rompe hay desequilibrio y es necesario que entren diferentes fuerzas a equilibrarlos.
Cuando un dios castiga o da un premio a algún otro mortal ningún otro puede quitarlo.
El poder de los dioses esta estructurado a conciencia.

Comentó sobre La hybris. Y cuando un mortal rompe la armonía creyendo lo que no es, los dioses deben intervenir y envían a némesis, la justa retribución que castigará con lo que toca. Causada por un instante de falla (ate) y atacada por némesis ayudada de la necesidad.

Semejanzas y diferencias entre dioses griegos y romanos.
Ya se poseían cierto numero de dioses de contornos aparentemente claros, pero los dioses romanos no conservan mitología.

Con los romanos es un gusto ritual, antimítico.
Para los romanos, la historia de Rómulo y Remo era una realidad, no un mito. Era historia.

Hemos heredado eso de transformar mito en historia.
Tiene que ver con el control que los dirigentes deseaban sobre la vida del pueblo.

En Grecia nunca hay una versión oficial del mito, cambian y son verdad dependiendo la región en donde se encuentren.
Con los romanos llegó la conquista etrusca y su religión.

Grecia conquista a Roma espiritualmente, cuando los romanos los conquistan militarmente. Encuentran muchos parecidos con sus dioses y los asimilan por ver llamativas sus historias.

Cuando los romanos conquistaban alguna otra región, trataban de asimilar a los dioses de las regiones conquistadas y las invitaban a formar parte de su panteón mediante una ceremonia. Hay un ánimo de reconocimiento. Se fijaban mucho en la personalidad de los dioses.

Juno protege a Cartago porque antes ellos tenían a tanit, una diosa protectora.
Los romanos no van a tener una representación plástica de sus dioses hasta que llegan los dioses griegos, en la época tardía.

Todas las divinidades son funcionales.
Zeus maneja el rayo, lo dispara. Júpiter es el rayo, es la luz misma.
Esto hace que los dioses romanos carezcan de genealogía.

La original triada romana, Júpiter, Marte y Quirino.
Los romanos tienen un marcado determinismo. Toma esta llamada a ser la ciudad. Sí conciben el Destino, el Hado, el Fato, que guía a todos los dioses y a todos los mortales. Esto hace que los dioses carezcan de personalidad.

Fantasma

“Sé mi fantasma. Atorméntame hasta la inanición.” tuit propio publicado el día 30 de agosto del año 2012.

El fantasma de los amores pasados me visitará este día. La noche se me figuró eterna. Era lenta y cadenciosa. Se deslizó minuto a minuto arrastrándome consciente consigo.
Cuando volví en mí, la noche había pasado ya pero no me había librado del cansancio. Los párpados me pesaban como si sostuvieran bloques de metal o concreto, pero no había tiempo de detenerse.

El fantasma de los amores pasados me seguirá todo el día. Espero lo mejor, pero los nervios me carcomen.

¿Qué sucederá?
¿Qué le diré?

El miedo se come mis pasos, devora mis ideas poco a poco y se seca mi pensar acostumbrado a la humedad.
La exhalación humeante del tabaco adormece mis sentidos con lentitud. Me lleva, me aleja. Me atrae a una visión con la que, ciertamente, no quiero toparme.

Y llega el momento…



Ahora que ha sucedido todo, la sensación de libertad se suelta con una gran energía. Siento calma, y mis fuerzas disminuyen a la par que doy cada uno de los pasos. Llegando a casa, la debilidad me corroe y me domina un sueño impasible.

Cuando me recuesto, una lágrima producto de un bostezo rueda suavemente y se posa en la mejilla, donde pierde toda la fuerza que tenía para seguir. El brillo irradiado se libera de aquella pequeña gota de sal y se manifiesta vivamente a través de un renovado torrente de agua.

Una melancolía inexplicable se apodera de mi cuerpo.
Lloro, lloro, y no puedo detenerme.
Lloro, y no sé la razón por la cuál comenzó.

Mucho pasó en aquel encuentro de charla ectoplásmica.
Un ciclo de voces se ha cerrado por fin.

Ha llegado la hora de esperar la venida del fantasma de los amores presentes. Espero no sea tan brutal como su hermano, o me consumiré en mi propio dolor y soledad.