Cuadernos viejos

Es muy interesante eso de ponerme a rascar entre todos los cuadernos en los que he escrito ideas a través de casi diez años. La evolución mental y física se refleja en cada uno. El afloramiento de la madurez, la calidad de la redacción, la desesperación errática y solitaria transformada en una determinante forma de hacer catarsis emocional, en lugar de sólo poner frases desordenadas. Hoy en día sonrío al ver muchas de las cosas que alguna vez escribí y niego lentamente con la cabeza, como si hablara con aquel lado infantil que aún permanece aquí, pequeño y escondido en algún armario.

– ¿Por qué escribiste ésto?

– Porque así lo sentía.

– ¿No puedes ver lo caprichosa que fuiste? Es desconsiderado, arbitrario y completamente egoísta todo lo que leo en este cuaderno.

El lado sabio triunfa irremediablemente sobre el caprichoso, que guarda un profundo silencio al notar su error. Un punto más hacia el equilibrio, porque ahora puedo razonar mis errores del pasado. Y, aunque sé que es demasiado tarde para ponerme a reconstruir todo lo derrumbado en aquel entonces, puedo aplicar todo lo que he aprendido para no volver a cometer errores así de grandes por ligeros malentendidos.

Una pequeña gran lección de la vida es que aprendamos de ello. Nunca debemos dejar de aprender; ni de nosotros, ni de lo que ocurre todo el tiempo a nuestro alrededor.

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